Su vida se había convertido en un capítulo de la novela “Muerte de una crónica anunciada”. Las amenazas de muerte constantes y los golpes que se habían convertido en hechos de “todos los días”, alertaron a la familia Carrizo. Pero Olga pensaba que podían formar una familia y podían mantener una “buena relación”.
En un año, la vida de la joven madre de 30 años cambió rotundamente. Conoció a Ramón Ibáñez en la ciudad de Clodomira, departamento Banda. Luego de tres meses de romance, “Kuki”, quien tenía seis hijas de entre doce y un año, decidió contraer matrimonio con su novio.
Se casaron y fueron a vivir juntos. Luego de dar el sí ante un juez civil, Olga y Ramón habían comenzado a formar su familia. Planeaban tener hijos y construir un hogar feliz. Pero todo se desmoronó como un castillo de arena ante la tempestad. Los hechos de violencia de género comenzaron a producirse de manera constante.
Durante algunos meses, Olga decía que “estaba todo bien” y defendía a su pareja. Pero pese a los golpes y amenazas que recibía, la mujer trataba de justificar a Ibáñez como una persona buena. Abruptamente, un día reconoció quién era realmente su esposo. De a poco, comenzó a contar el calvario que vivía. Pero hasta ese momento, había sufrido un golpe muy duro en la vida que la había marcado para siempre.
“Estaba obsesionado con ella. Ella había tomado la decisión de venirse a vivir aquí porque veía que las cosas iban cada vez peor”, reveló a Nuevo Diario Noemí Carrizo, hermana de Olga.
La joven madre fue asesinada de tres cuchilladas la madrugada del martes último en la ciudad de Clodomira. El agresor fue su exesposo, Ramón Ibáñez, quien estaba cumpliendo una medida perimetral por un hecho de violencia que había sido denunciado por Olga.
“Mi hermana venía con golpes a la casa. Pensábamos que algo pasaba y no nos decía. Había perdido un embarazo por los golpes hace aproximadamente 4 meses. Desde ese momento, decidió alejarse”, manifestó Noemí.
La joven habría estado cursando el primer trimestre de un embarazo. Habría estado esperando un hijo con Ibáñez, lo que iba a sellar su amor.
Luego de recuperarse, Olga habría comenzado a tener fuertes discusiones con Ramón, por lo que decidió separarse. Dos meses después, tomó el valor de juntar sus pertenencias y a sus hijas para huir de su “cárcel”.
Olga se fue a vivir a la casa que le había prestado su hermana, que está ubicada a escasos metros del hogar de su madre, donde Ibáñez la mató.