El 30 de mayo pasado, minutos antes de las tres de la tarde, personal policial y de Alerta Banda decidieron ingresar a la casa de la manzana 16, lote 22 del barrio 25 de Mayo, sector 450 Viviendas, de la ciudad de La Banda. A la salida de un pasillo, encontraron a una mujer que yacía sin vida y en un árbol del fondo estaba ahorcado Rosauro Francisco Camaño (66 años). El hombre prefirió la muerte antes de ser juzgado por el asesinato de su pareja, quien fue golpeada y asfixiada.
El final de Camaño es similar al de muchos otros. Según el último trabajo que publicó la Corte Suprema hace pocos días en su Informe de Femicidios en Argentina, el año pasado el 23% de los asesinos de mujeres se quitó la vida después de cometer el crimen.
El dato se divulgó en el trabajo elaborado por la Oficina de la Mujer, a cargo de Elena Highton de Nolasco, vicepresidenta de la Corte, con información aportada por los poderes judiciales de las distintas jurisdicciones del país, donde se reveló que en 2019 se identificaron 268 víctimas letales de crímenes de violencia de género, un 3,6% menos que en el reporte del año 2018.
Así, se contabilizaron 252 víctimas, mujeres y personas trans y 16 “femicidios vinculados”; es decir, la muerte de un ser querido de la víctima a manos de su victimario, como por ejemplo, una hija o hijo. Así, la tasa de víctimas fue idéntica a la del año 2018, cuando la cifra registrada fue 278: 1,1 cada 100.000 mujeres.
Por otro lado, dentro de una temática que quedó registrada en el informe, el año pasado ocurrió un hecho histórico que cambió el paradigma que se tenía en el Poder Judicial con respecto a los crímenes de personas trans. Ocurrió el fallo ejemplar en el juicio por el asesinato de Amancay Diana Sacayán, la primera sentencia que albergó la noción de travesticidio. Aunque los hechos no pararon.
La investigación determinó que el principal escenario del delito se produjo en el hogar (60%), seguido de espacios públicos (19%), otras viviendas (13%) y el resto en “otros espacios” (8%). El 82% de los casos ocurrió en un contexto de violencia doméstica, 42 de las víctimas habían denunciado en las autoridades a sus victimarios. Hubo 266 acusados, al menos 20 de ellos eran miembros de las fuerzas de seguridad pública o vigiladores privados.
El 90% de las víctimas tenía un vínculo previo con el autor
El trabajo reportó, a su vez, otras conclusiones respecto de la naturaleza de este tipo de crímenes. El 90% de las víctimas tenía un vínculo previo con el hombre señalado en las causas como el autor material del hecho, mientras que más de la mitad (66%) era la pareja o expareja.
En lo que respecta a los distintos grupos etarios, la mayor cantidad de víctimas (el 35%) tenía entre 35 y 59 años. Le sigue el grupo de entre 25 y 34 años (25%) y en tercer lugar se encuentran las mujeres de 60 años o más cuando fueron asesinadas.
Siete de las 268 víctimas fueron niñas: no habían cumplido los 12 años al momento del asesinato.
Las provincias registraron cifras disímiles: aquellas con tasas más elevadas fueron Catamarca, Chubut, Formosa, Salta, Tucumán y Chaco, donde la tasa fue de más de 1,5 mujeres cada 100.000 mujeres, mientras que en Santa Cruz no hubo femicidios.
Por otro lado, en la Capital Federal la tasa fue de 0,31 cada 100,000 mujeres, y en la provincia de Buenos Aires llegó a 1,15.