Luego de 16 años, la historia se repite para una familia oriunda de Sumampa —departamento Quebrachos—. Dos hermanos, con antecedentes de violencia doméstica, asesinaron a sus exparejas. Las mujeres eran víctimas de extorsión, hostigamiento económico y agresiones físicas y verbales.
Sandro González tenía 20 años, cuando vivía en su vivienda del barrio Este en Sumampa —al otro lado de la vía y hoy conocido como el barrio San Antonio— junto a su familia. En busca de un “mejor futuro” decidió viajar a Buenos Aires. Había conseguido un trabajo temporal, por lo que luego de unos años de instalarse en Junín, llevó consigo a su hermano Andrés Baltazar González.
Los hermanos comenzaron a rehacer su vida. Andrés comenzó a vivir en concubinato con una bella joven de la zona: Mónica Alessio. Fruto de esa relación amorosa nacieron cinco hijos. Pero con el paso de los años y el desgaste propio de una relación que estaba marcada por la violencia machista de parte de Andrés, Mónica decidió romper el concubinato. “Temía por su vida”, les habría manifestado a sus allegados.
Pero Andrés no lo aceptaba. Veía a su hermano formar una familia con una joven, identificada como Rosa Inés Fernández, quien le había dado tres sobrinos. Luego del distanciamiento entre la pareja, Andrés comenzó a hostigar a Mónica, ya que sabía que la mujer estaba rehaciendo su vida con una nueva pareja.
El desenlace fatal de las torturas que vivía Mónica, fue el 29 de diciembre de 2004. Andrés mató a su expareja de tres cuchilladas en el pecho, delante de sus cinco hijos menores de 9, 8, 7, 4 y 1 año y medio.
Según se conoció, ese fatídico día, Mónica llevó a sus hijos a la casa de su expareja para que pasaran el Año Nuevo con su padre. Pero los chicos terminaron siendo testigos de un espectáculo atroz: el hombre asesinó a la mujer de dos puñaladas en el corazón.
Eran aproximadamente a las 22 de ese fatal 29 de diciembre, cuando el homicida estaba en su casa de Comandante Seguí 472 y utilizando un cuchillo de 12 cm de hoja le propinó tres puntazos a la víctima. Le produjo una perforación cardíaco-pulmonar que le ocasionó la muerte. El asesinato se produjo delante de tres de los cinco hijos menores de edad de la pareja.
Andrés, tras el femicidio, fue detenido en la puerta de su hogar por la Policía. Intentaba huir junto a dos de sus hijos. Ante los uniformados dijo: “Tuve un problema con mi mujer. Me voy de la casa con mis hijos”.
La escena que encontraron los policías fue desgarradora. Los hijos de Mónica estaban encima de ella, tratando de auxiliarla. Pero la mujer estaba muerta. Se ordenó la autopsia del cuerpo, donde el forense determinó que Mónica estaba embarazada de cuatro meses.
Tras la investigación penal preparatoria sobre el brutal femicidio de Mónica, que fue llevado a cabo por la fiscal de Junín, Dra. Mirta Monclá, Andrés fue llevado a juicio oral por el delito de homicidio simple, con los agravantes de haber matado a una mujer embarazada y delante de sus hijos, por lo que fue condenado a 19 años de prisión en cumplimiento efectivo.
Con los años, la familia González —gran parte aún reside en Sumampa— es sacudida nuevamente por el horrendo crimen de una mujer en manos de uno de sus integrantes. Sandro González, de 40 años, quien creció siendo leñador en la ciudad cabecera del departamento Quebrachos, ahora trabajaba de albañil. Había ahorcado y asesinado a su expareja, Rosa Inés Fernández.
Rosa había desaparecido de su vivienda de Junín, en Buenos Aires, el 26 de julio del corriente año. Ese domingo, González, luego de haber compartido un momento con Rosa y los tres hijos que tienen en común de 4, 9 y 13 años, llevó en su vehículo a su expareja. La trasladó hasta su nuevo domicilio ubicado en Laprida al 1600, donde vive con una nueva pareja e hijos.
En el lugar, según pudo desentrañar el fiscal del caso, Dr. Esteban Pedernera, se produjo una discusión por dinero, originada en el condicionamiento de que Sandro le decía que “luego no habría futuras ayudas”. Ante los reclamos de Rosa, Sandro la tomó por detrás y la asfixió con los brazos. La víctima se descompensó y falleció. De inmediato, Sandro la cubrió con un cobertor y la ocultó en el baúl de su automóvil. Al día siguiente, se “desprendió” del cuerpo de Rosa.
Se dirigió a una obra en construcción en calle Siria, entre Pringles y Necochea, donde cavó un pozo de aproximadamente un metro de profundidad y la enterró. Desde el momento de la desaparición de Rosa, la Policía y la Fiscalía iniciaron la intensa búsqueda. Pero luego de 18 días, dos testigos a quienes Sandro les habría confesado el homicidio, brindaron su declaración.
El cadáver de la joven madre fue hallado en el lugar indicado por el homicida santiagueño. De inmediato, Sandro fue apresado. Fue indagado y se abstuvo a declarar.
“La víctima no tiene golpes en el cuerpo”
La autopsia realizada al cuerpo de Rosa Inés Fernández fue contundente. La joven madre de tres menores no presentaba lesiones compatibles con signos de violencia.
El forense pudo determinar que “Rosa había fallecido a causa de asfixia mecánica”. Según se desprende de la investigación penal que se lleva adelante, Sandro González la sorprendió por la espalda, luego de mantener una discusión con la mujer y la abrazó desde atrás.
Rosa habría luchado por su vida, pero el sujeto la “doblaba” en contextura física. Por lo que murió de manera instantánea.
Los familiares y amigos de la víctima comenzaron a despedirla a través de las redes sociales, mientras se ahondan las averiguaciones.
Con el cadáver de Rosa en el baúl, Sandro buscó a su nueva familia
El domingo 26 de julio, a las siete de la tarde, Rosa Inés Fernández era atacada salvajemente por su expareja Sandro González. El sujeto la ahorcó, hasta que la asesinó. Luego, al ver el cuerpo de Rosa desvanecido en el piso de su nueva casa donde vivía junto a su nueva familia, Sandro pensó cómo deshacerse del cuerpo.
Según se desprende de la investigación que lleva a cabo el fiscal de Junín Dr. Esteban Pedernera, Sandro tapó el cuerpo de Rosa con una manta y luego lo cubrió con un cobertor celeste que había comprado recientemente para cubrir un automóvil que había adquirido semanas atrás.
Colocó el cuerpo de Rosa en el baúl del automóvil. Luego, Sandro se habría comunicado con su actual concubina, a quien le indicó que “la buscaría en unos minutos”. Ascendió a su automóvil y condujo hasta la localidad de Lincoln.
Buscó a su actual pareja e hijos y, nuevamente, regresó a la casa donde convive con ellos y donde horas atrás había asesinado a su expareja, a quien cargaba en el baúl del rodado en el que se movilizaba.
El cuerpo de Rosa estuvo en el automóvil de Sandro hasta el lunes. Se fue a trabajar y decidió sepultar a la joven madre en la obra donde realizaba trabajos de albañilería.
Los uniformados, a requerimiento de la Fiscalía, realizó pericias en el automóvil donde había trasladado el cuerpo hacia el lugar donde posteriormente lo sepultó, envuelto en un cobertor de su propiedad, denunciado por su pareja.
En Sumampa es recordado por robos
Mientras el fiscal de Junín, Esteban Pedernera, lleva a cabo averiguaciones sobre denuncias por abuso sexual en perjuicio de una menor y maltrato físico en perjuicio de los hijos de Rosa Inés Fernández en contra de Sandro González, se conocieron múltiples antecedentes penales que el detenido tendría.
La Fiscalía trata de determinar si Rosa era víctima de vejaciones por hostigamiento económico de parte del imputado. Se conoció que en la ciudad de Sumampa —donde González nació y creció— los vecinos lo recuerdan.
En la cabecera del departamento Quebrachos tendría antecedentes penales por robos y hurtos, por lo que “habría estado aprehendido en reiteradas oportunidades”.
“Hija quisiera abrazarte y besarte”
La esperanza de encontrar a Rosa Fernández viva se truncó con la declaración de testigos. Luego, la Policía encontró su cadáver sepultado en una obra de calle Siria.
Apenas se conoció la drástica noticia, su madre —Nilda Donna— escribió: “Hija, cómo quisiera abrazarte. Besarte, mi amor. Ya no te tengo, te arrancaron de mis brazos. Ahora, qué hago yo sin mi Rosita. Quiero justicia, pido que se pudra en la cárcel el asesino de mi hija. Justicia por Rosa”. Por su parte, las hermanas de Rosa y sus amigos comenzaron a pedir que “se castigue al femicida detenido con la rigurosidad de la ley”.