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Policiales #Aniversario

Escuela de Suboficiales y Agentes, 34 años formando a futuros policías

Los efectivos reciben las herramientas necesarias para el desarrollo de sus facultades dentro de la sociedad donde se desempeñan.

Pasaron muchos años desde aquellos recuerdos en el viejo edificio de la escuela. Allí, donde a la sombra del añejo gigante torcido, incontables aspirantes a agentes de Policía forjaban sus sueños. No hay dudas de que fue largo el camino recorrido hasta llegar a las modernas instalaciones educativas que se levantan en el corazón del complejo de formación policial.

La Escuela de Suboficiales y Agentes Sargento Primero Segundo Gregorio Pesce cumple años y lo celebra hoy con mirada añorante hacia aquel pasado de anécdotas inolvidables y repetidas hasta el cansancio, viviendo un presente marcado por la pandemia y mirando hacia un futuro todavía más glorioso y esperanzador.

Porque desde sus inicios, fundó sus bases sobre la idea de que los jóvenes que ingresaban a sus aulas serían los pilares de la seguridad pública, la primera línea de cuidado del ciudadano de nuestra provincia y la fuerza de ejecución de los ideales institucionales.

Precisamente, es por eso que primó la idea de poner énfasis en la formación, preparación y capacitación de los hombres y mujeres que llevarían a la Policía hacia una transformación superlativa, cambiando las currículas y los procedimientos del proceso enseñanza-aprendizaje, dejando atrás las prácticas anquilosadas por el tiempo, ajenas al progreso de las sociedades, y proyectándose hacia un modelo de proximidad con el vecino.

Claro es también que las autoridades del Gobierno de la Provincia comprendieron la importancia de la formación policial y no retardaron su apoyo y respaldo, ni escatimaron esfuerzos económicos para que a través del Ministerio de Gobierno y bajo la celosa ejecución de la Secretaría de Seguridad, se lleven adelante los desafíos formativos.

La Escuela de Suboficiales y Agentes forma a los profesionales de la seguridad pública y les otorga herramientas para trabajar con solvencia en tiempos actuales. Por eso, el cadete recibe una educación integral basada en las premisas y principios que sostienen a la institución.

Estos se preparan para ser verdaderos líderes comunitarios allí donde les toque ejercer su función, a través de la apropiación de espacios tales como enfoque comunitario, talleres de lectura y oratoria, psicología aplicada a la función policial. Ingresan al mundo policial, mediante las ciencias específicas y conocimientos de campo, como empleo y uso legal del arma de fuego, técnicas y tácticas policiales, defensa personal, entre otras unidades curriculares específicas que hacen a la profesión de policías.

Aprovechan las instalaciones del complejo de formación para que bajo la supervisión de profesionales y policías de vocación, alcancen los objetivos planteados en su etapa formativa.

Además, el cadete aprende a cuidar su cuerpo para mantenerse en armonía consigo mismo, con su prójimo y con el entorno social donde ha de desarrollarse.

También, hay espacios para que el estudiante despliegue sus talentos artísticos, literarios, musicales y deportivos y es por eso que el trabajo articulado con el resto de las dependencias de la Policía es tan importante que sirvió como punta de lanza para descubrir las inclinaciones naturales de estos jóvenes y potenciarlos para su función policial.

La oportunidad que ofrece la Escuela de Suboficiales y Agentes es única y quien ingresa tiene la posibilidad de crecer y desarrollarse en todas las actividades por las que sienta afinidad y como devolución, ser destinado a cumplir servicio a una dependencia donde sus talentos obtienen un valor especial, por ejemplo, la Banda de Música, que ha recibido en su casa a esos cadetes que demostraron dotes de músicos y cantantes.

Sin duda alguna, los cadetes ven a la escuela como un refugio de todo aquello que les resulta desconocido al inicio de su formación. Primero se aferran a las aulas, se sienten seguros y contenidos, y cuando pasa el tiempo se encuentran, conocen a los docentes e instructores y empiezan a construir su sentido de pertenencia hacia la institución policial.

De a poco encuentran la seguridad fuera del aula, en la pista de atletismo, en el tratamiento de la Escuela de Educación Física o en la pista de reacción, porque esos lugares también son la escuela, incluso desarrollar un afecto especial por ese lugar que sienten propio y buscan la manera de mejorarlo y embellecer sus espacios, saben que cada rincón es suyo.

Y esa es la escuela. La que hoy tiene asignada una tarea diferente, pero que en sus patios deambulan los resabios de esas actividades y proyectos que los instructores y cadetes hicieron posible con amor y esfuerzo.

Esa es la Escuela de Suboficiales y Agentes que hoy cumple 34 años de vida. Donde los policías perdieron el miedo a lo desconocido y se sintieron parte de la familia y donde aprendieron a ser cadetes, y aprendieron también a ser policías.

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