Una docente de la Capital conoció hace dos años a un agente de policía residente en Barrancas Coloradas, en el departamento de San Martín, e iniciaron una relación sentimental. La educadora, de 34 años y madre de un niño de 9, producto de una relación anterior, denunció que fue agredida por primera vez por el uniformado en un local bailable seis meses después de que comenzara su convivencia. El presunto agresor, de 24 años, le pegó con los puños y trató de asfixiarla con sus manos. Posteriormente, el hombre le indicó a la mujer que actuó de tal forma debido a la influencia del alcohol.
Sin embargo, la mujer denunció que las agresiones —tanto verbales como físicas— continuaron en el tiempo, sucediendo tanto cuando el hombre estaba ebrio como sobrio, independientemente de que estuvieran en Brea Pozo (San Martín) o en un departamento en la ciudad capital, donde reside la mujer. En tres momentos distintos, el agresor incluso le puso la pistola en la cabeza y luego apuntó el arma contra sí mismo, amenazando con quitarse la vida. La denunciante desconoce por qué su pareja ha estado actuando violentamente.
La docente relató a los investigadores que en agosto de este año, el policía llegó a su casa en el barrio Mama Antula en Brea Pozo, donde ambos vivían, en estado de embriaguez y se puso violento. Tomó un cuchillo de carnicero e intentó lastimarla, lo que resultó en un forcejeo entre ambos. Acto seguido, se encerró en el baño con intenciones de suicidarse. Las agresiones se volvieron frecuentes en los días siguientes, presenciadas por su hijo. Por otra parte, el acusado también insultaba al niño e intentó golpearlo, pero la mujer se interpuso para detenerlo.
El sábado 6 de este mes, la mujer volvió a ser agredida físicamente, donde también le arrojó agua hirviendo en la rodilla derecha, causándole quemaduras de segundo grado. Aunque la víctima le pidió al hombre que la llevara al hospital, él negó la gravedad de la situación. Al día siguiente, la mujer acudió al centro de salud por su propia cuenta, donde le informaron de su diagnóstico y le realizaron curaciones en las heridas.
La educadora hizo una denuncia en la Comisaría Comunitaria Nº 36 de Brea Pozo, y declaró que no lo hizo antes porque el agresor siempre le prometía que iba a cambiar su comportamiento, y la amenazaba con matarla si lo denunciaba, antes de suicidarse él mismo. También mencionó que el agresor trató de romper su teléfono móvil, donde guardaba pruebas de sus relatos.
El agente, de apellido Aranda, fue arrestado y se activó el protocolo para estos casos, lo que incluyó la confiscación de su arma reglamentaria por orden de las autoridades de la Unidad Fiscal de Violencia de Género e Intrafamiliar. Dicho policía fue alojado en el Cuerpo Guardia de Infantería de la Capital y será indagado próximamente.