El Tribunal de Juicio Oral, integrado por los doctores Fernando Viaña, Alfredo Pérez Gallardo y Daniela Campos Nittinger, comenzó ayer a juzgar a Julio César López por el homicidio de Ariel Germán Toloza, de 46 años, a quien acuchilló en varias partes en Rivadavia casi avenida Colón el 17 de enero de 2002, tras lo cual la víctima murió el 20 de febrero de ese año en terapia intensiva del hospital Regional.
De acuerdo con la investigación policial y judicial, Toloza —quien se domiciliaba en el barrio Santa Rosa de Lima— mantenía una relación sentimental con la expareja del imputado.
La mujer, Juana Allende, se había separado de López, con quien había tenido tres hijos, aunque este no quería irse de la casa de sus suegros del barrio San José de Flores porque no tenía dónde ir a vivir. En esas circunstancias comenzó la relación de la mujer con la víctima.
En la primera audiencia, declaró Ana Belén Luna, quien había trabajado en un comercio y regresaba a su casa del barrio Colón a las 13.30 del 17 de enero del citado año. Dijo que cuando caminaba por Rivadavia hacia el oeste escuchó gritos y al darse vuelta vio que estaban peleando dos hombres en Rivadavia casi Colón, frente a una verdulería, y uno de ellos tenía un cuchillo. La víctima estaba con su espalda sobre el piso y con sus piernas hacia arriba para evitar el ataque armado. Toloza se reincorporó, agarró un cajón de verduras vacío para cubrirse y cruzó la calle hacia la vereda de una panadería de Rivadavia y Colón, donde siguió el ataque, mientras el agresor le decía: “Te voy a matar”. La testigo sostuvo que se había hecho cargo de una niña de unos 8 o 9 años que miraba el violento hecho y decía llorando: “Papá no, papá no”. Seguidamente, el agresor buscó a su hija, quien le dijo que habían llamado a la Policía, a lo que López respondió: “No me importa”, de acuerdo con la testigo. “El agresor se fue enojado, caminando con la niña”, afirmó.
Luna indicó que seguidamente auxilió a la víctima y trató de hablarle para que no se desvaneciera hasta que llegara la ambulancia porque presentaba heridas visibles en el cuello, el tórax y la espalda.
La testigo recordó que Toloza le contó que mantenía una relación con la expareja del agresor, quien “lo amenazaba y no aceptaba” el noviazgo.
También brindó su testimonio el oficial Leandro Cáceres, quien indicó que tras ser alertados por la Sala Central se dirigieron al lugar, donde recabaron datos del sospechoso y salieron en su búsqueda. Señaló que en el pasaje Jigua, a una cuadra y media de Rivadavia, vieron al sujeto caminando. Al ver al personal policial, trató de darse a la fuga, pero ante la voz de alto se arrojó al piso, boca abajo. Llevaba una mochila en la que tenía un celular y un cuchillo de 13,5 centímetros de hoja.
Un hijo de la víctima declaró que el imputado amenazaba a su padre
Germán Toloza, hijo de la víctima fatal, declaró ayer y contó cómo se inició la relación de su padre y Juana Allende. Recordó que su padre le vendió un terreno ubicado al lado de su casa del barrio Santa Rosa de Lima al hermano de la mujer. Allende, domiciliada en el barrio San José de Flores, visitaba a su familiar, ocasión en la que conoció a Ariel Toloza, con quien comenzó la relación sentimental “tres o cuatro meses” antes del brutal ataque. “Ella le decía que estaba separada, pero que su expareja no quería irse de la casa y siempre ponía en medio a sus hijos”, señaló el joven y añadió: “Salían a comer, incluso llevaban a la hija de ella, a quien mi papá le regalaba juguetes”.
Asimismo, señaló que su padre era amenazado por el imputado, aunque dijo que “él no pensaba que podía llegar a matarlo”.
“Quiero que se haga justicia porque ha quitado una vida”, firmó Germán Toloza.