Un caso que genera absoluto repudio y una profunda indignación llegó a su fin en la localidad de Las Heras, provincia de Mendoza, donde un despiadado sujeto fue condenado a prisión perpetua tras confesar que abusó sexualmente y asesinó a su propia beba de apenas dos meses de vida.
El criminal, identificado judicialmente como Gustavo Ariel Olguín Ormeño, trabajaba como camillero en un centro de salud. Acorralado por la contundencia de las pruebas forenses en su contra, el asesino admitió su culpabilidad ante la jueza Mónica Romero en el marco de un juicio abreviado.
Con esta maniobra legal, el sujeto logró esquivar la exposición pública de un juicio por jurados y aceptó de lleno su responsabilidad penal por los aberrantes delitos de homicidio agravado por el vínculo y alevosía, sumado al abuso sexual con acceso carnal agravado.
El espeluznante crimen se remonta a la madrugada del 13 de agosto de 2023. Aquella fatídica jornada, la madre de la pequeña Emma se ausentó del domicilio para acudir a una consulta odontológica de urgencia y dejó a la beba bajo el exclusivo cuidado de Olguín. Horas más tarde, la mujer se comunicó desesperada a la línea de emergencias 911 alertando que su hija no podía respirar y se encontraba pálida.
La criatura ingresó a la guardia del Hospital Notti en un estado crítico y sufrió un paro cardiorrespiratorio masivo. Pese a los esfuerzos incesantes del personal médico por estabilizarla, la beba falleció tras agonizar durante dos días en la sala de terapia intensiva.
Los especialistas destaparon de inmediato el infierno que había padecido la menor. El Cuerpo Médico Forense confirmó que la causa de muerte fue un violento y brutal zamarreo que le provocó una hemorragia cerebral irreversible. Peor aún, los informes revelaron signos indubitables de violaciones reiteradas y un gravísimo cuadro de deshidratación.
El rol de la madre y su sobreseimiento
En los primeros meses de la investigación, el expediente judicial también apuntó contra la madre de la beba bajo sospecha de encubrimiento u omisión de cuidados.
Sin embargo, el avance certero de las pericias criminalísticas terminó por limpiar su nombre. El tribunal comprobó fehacientemente que la mujer no se encontraba en la vivienda durante el ataque fatal y que la totalidad de las mortales lesiones perpetradas por el camillero ocurrieron en ese preciso lapso temporal. Ante la evidencia, la mujer fue sobreseída de manera definitiva de esta horrorosa causa.