Luego de luchar por su vida durante casi tres semanas, el final fue el más triste. Alan Ismael Bordón, el joven de 20 años que había sido brutalmente atacado por una patota a la salida del boliche Tropitango, falleció este domingo en el Hospital de Pacheco.
La noticia golpeó fuerte no solo por la brutalidad del hecho, sino por la macabra coincidencia: Alan murió un 18 de enero, la misma fecha en que hace seis años un grupo de rugbiers asesinaba a Fernando Báez Sosa en Villa Gesell.
"Una vida por delante"
La confirmación del deceso destrozó a su familia. Su pareja y madre de su hija, Dana Isabella Cardozo, lo despidió con un mensaje desgarrador: “Veinte años, una vida por delante, sueños por cumplir... y de un día para otro te arrebataron la vida. Le sacaron a mi nena su papá”.
La pesadilla había comenzado durante los festejos de fin de año en la localidad de El Talar. Alan había ido a bailar con amigos y, tras un altercado dentro del local bailable, la seguridad los expulsó. Pero afuera la violencia escaló.
Según la reconstrucción y el testimonio de la madre de la víctima, un grupo de al menos seis personas a bordo de dos autos persiguió a Alan y a sus amigos. Cuando lograron alcanzarlo, lo atacaron en manada.
"Bajaron cinco o seis del auto para golpearlo. Mi hijo se hizo el desmayado para que no lo lastimaran más", había contado su mamá días atrás. Sin embargo, la golpiza fue letal: le provocaron una fractura de cráneo y una hemorragia cerebral irreversible.
La Justicia ahora deberá recaratular la causa a homicidio y avanzar sobre los agresores de esta nueva tragedia nocturna.