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Policiales Fue atrapado antenoche mientras paseaba su mascota, como un vecino más

Las redes sociales habrían delatado al "carnicero de Giles" en Villa Atamisqui

Llegó hace una semana, dijo que estaba “de paso” y alquiló una cabaña a un guía de pesca. Realizaba publicaciones en TikTok.

Luis Fernando Iribarren, uno de los mayores asesinos múltiples de la historia penal argentina, condenado a reclusión perpetua más la accesoria por tiempo indeterminado por los asesinatos de sus padres, dos hermanos y una tía, permaneció 11 días prófugo, hasta que antenoche, alrededor de las 20, fue detenido en Villa Atamisqui por personal de la División Búsqueda de Prófugos de la Policía Federal, con el apoyo de sus colegas de la División Unidad Operativa Federal Santiago del Estero de la citada fuerza de seguridad.

Las investigaciones determinaron que el prófugo, conocido como el “carnicero de Giles”, llegó hace una semana a Villa Atamisqui. Dijo que estaba de paso y había alquilado una cabaña por unos días a un guía de pesca, como un “viajero” más. Se movilizaba en una camioneta Peugeot usada, que compró en Santa Fe y que tendría inconvenientes mecánicos porque “recalentaba”.

De acuerdo con el lugar donde fue atrapado, se sospecha que Iribarren ingresó a Santiago del Estero por caminos alternativos, evitando los controles de fuerzas de seguridad que estaban alertas en las rutas por la desaparición del “carnicero de Giles”, quien no regresó al Penal tras el permiso que tenía para estudiar.

La utilización de las redes sociales para subir historias, especialmente en TikTok, habría sido determinante para ubicar el lugar donde el prófugo se encontraba. El celular de Iribarren impactó en una de las antenas de Villa Atamisqui, lo que provocó que se realizara investigaciones en esa ciudad y se lo detuviera antenoche, mientras paseaba su perra, como un vecino más.

Fue trasladado a la sede de la Policía Federal en la ciudad Capital y anoche fue llevado nuevamente al Penal de Olmos, Buenos Aires, en un avión.

Buscan un hogar en una familia santiagueña para la perra “Sari” que crió desde cachorra

Al momento de ser detenido por los policías federales, Iribarren paseaba una mascota. Se trataba de una perra a la que había bautizado como “Sari”. No la encontró en el camino en su fuga hacia Santiago del Estero, sino que la había criado desde cachorra y era su acompañante en el Penal de Olmos de Buenos Aires.

Con el “carnicero de Giles” preso otra vez, el animal quedó a disposición de las autoridades de la fuerza de seguridad. En ese sentido, trascendió que están buscando una familia que quiera adoptarla en Santiago del Estero, donde quedó luego de que anoche el presidiario fuera trasladado a la Capital argentina.

Le quitó la vida a toda su familia con un arma de fuego y un hacha

A pesar de su peligrosidad y la magnitud de la condena, el Juzgado de Ejecución Penal N°1 de Mercedes había beneficiado a Luis Iribarren con salidas educativas, sin custodia y con el monitoreo de un geolocalizador. El 28 del mes pasado aprovechó ese control laxo fijado por la Justicia y huyó.

Iribarren mató a más personas que el odontólogo platense Ricardo Barreda, que asesinó a su esposa, su suegra y sus dos hijas en la capital provincial. Es conocido como “el carnicero de Giles” por asesinar a su madre, su padre, su hermana, su hermano y su tía.

Considerado un homicida múltiple, el “carnicero de Giles”, luego de una discusión, mató con certeros disparos de una carabina vizcachera a su padre, a su madre, a su hermana y a su hermano. Fue a mediados de 1986 en San Andrés de Giles.

En uno de los pasajes de su declaración de cómo mató a sus padres y una hermana, siguió con el relato: “Salí de la pieza, siempre con el arma entre mis manos, cerré la puerta y pasé al dormitorio de mi hermano. A medida que me acercaba, miraba cómo dormía. Recuerdo que le pegué con el cañón del arma en la cabeza. En ese momento, sin pensarlo, disparé una vez más. Después de que le pegué el balazo, mi hermano quedó con los ojos abiertos. No sé si se despertó por el ruido o por qué, en ese momento comenzaba a amanecer”, agregó el acusado al describir cómo mató a su familia en la casa de campo que tenían en la zona rural de Tuyutí, a 20 kilómetros de San Andrés de Giles.

Pero la furia asesina de Iribarren no se detuvo con los homicidios de sus padres y sus hermanos. Completar el registro que lo convirtió en uno de los mayores asesinos múltiples de nuestro país le llevó nueve años. En 1995 concretó el último de los cinco homicidios por los que lo condenaron.

“No tuve el coraje de dispararle a mi tía con el arma porque me acordé de lo que les había hecho a mis padres y a mis hermanos, y no soportaría hacerlo de nuevo. Por lo que seguí buscando otro objeto. Al llegar al patio vi el hacha. En realidad, había dos hachas. Tomé la que tenía el mango más largo y me dirigí a la habitación de mi tía. Me paré al costado de la cama y le pegué dos golpes en el costado izquierdo de la cabeza”, manifestó el imputado, según consta en su declaración. Por supuesto, este tramo de la confesión, esa confesión de un crimen que incluía la revelación de otros cuatro, no pasó desapercibida para nadie.

Al revisar la casa de Cámpora 1568, los policías advirtieron que había tierra removida a metros de la casilla donde se guardaban los tubos de gas envasado. Iribarren había excavado un pozo de casi medio metro de profundidad. Allí, cubierto con una sábana, estaba el cuerpo de Alcira Iribarren, la docente jubilada, tía del acusado.

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