Una familia de Valle Viejo atraviesa horas de profundo dolor tras la muerte de su perra de 12 años, ocurrida durante la madrugada del 1 de enero y atribuida al uso desmedido de pirotecnia sonora en el marco de los festejos de Año Nuevo. El episodio generó indignación y volvió a poner en el centro del debate las consecuencias del incumplimiento de las normativas que regulan este tipo de prácticas.
Jair Jalile, propietario del animal, relató que antes de retirarse de su domicilio para participar de las celebraciones dejó a su perra junto a otros animales en un espacio especialmente acondicionado, con música y el televisor encendidos, con el objetivo de mitigar el impacto de los estruendos. Sin embargo, al regresar a la vivienda, se encontró con la mascota sin vida.
Según explicó, al revisar las cámaras de seguridad del interior de la casa pudo observar el momento exacto en el que el animal se desplomó, cerca de las 00:20, coincidiendo con el horario de mayor intensidad de las explosiones. “Fue devastador ver esas imágenes. Era parte de la familia, nuestra compañera de todos los días y la protectora de los chicos”, expresó con dolor.
El caso generó una fuerte repercusión en redes sociales y reavivó el reclamo de vecinos y organizaciones proteccionistas para que se refuercen los controles y se apliquen sanciones efectivas, a fin de evitar nuevos episodios que afecten tanto a animales como a personas sensibles a los ruidos extremos.