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Policiales

Profesoras despidieron a la alumna "que siempre buscaba un abrazo"

"Llevaré su luz en cada coreografía, en cada ensayo, en cada función", afirmó una docente.

Diana, la niña asesinada por su madre, asistía a clases de danza en una academia de la ciudad de La Banda. La noticia del deceso conmovió a sus profesoras y entristeció a sus alumnos, luego de conocer el lamentable hecho. "Vuela alto, hermosa bailarina, y seguí bailando y brillando desde lo más alto", escribieron las responsables del grupo. Y destacaron: "Una estrellita más brilla hoy en el cielo, nuestra querida alumnita, la que siempre buscaba un abrazo".

Una de las profesoras de la escuela de danzas publicó en redes sociales: "No hay palabras que alcancen. Hoy comparto este abrazo porque refleja todo lo que ella era: ternura, entrega y una pasión inmensa por la danza. Para nosotras, la danza nunca fue solo técnica, fue refugio, consuelo, risas en los ensayos y fuerza cuando todo era difícil", afirmó.

Añadió: "Me enseñó tanto. Me enseñó a cuidarla, a reír con ella y a entender que el arte puede ser un hogar. Me despido con gratitud por haber sido tu profe todos estos años y por cada minuto compartido. Llevaré su luz en cada coreografía, en cada ensayo, en cada función". Y finalizó: "Que su recuerdo nos inspire a acoger más amor y más cuidado. Por siempre mi bailarina Diana Gómez Russo".

En el colegio Santiago Apóstol, adonde concurría la niña, la conmoción también se apoderó de docentes y compañeros de grado, mientras iban conociendo detalles de la noticia durante la mañana de ayer. Las redes sociales se transformaron en un cable a tierra para docentes que destacaron las dotes humanas de la estudiante fallecida y el empeño e interés que demostraba en cada clase. "Vuela alto", afirmaron.

El próximo 9 de noviembre iba a recibir la Primera Comunión y era monaguilla

La niña de 9 años iba a recibir su Primera Comunión el próximo 9 de noviembre en la parroquia Santiago Apóstol y no pasó desapercibido para nadie en la cuadra de su casa. Angélica, una de las vecinas, contó a Nuevo Diario que Diana se había presentado en su vivienda y la invitó para el acontecimiento religioso. "Era una niña muy buena; a mí me decía abuela, a pesar de que solo éramos vecinas", contó apesadumbrada la mujer por lo ocurrido enfrente de su domicilio.

La menor no solo se había compenetrado en la preparación durante el año para recibir el sacramento, sino que también había aprendido a ser monaguilla, para ayudar al sacerdote en las misas. "Estaba entusiasmada con eso", reveló una de las habitantes de la zona.

Los vecinos indicaron que era una niña extrovertida, que le gustaba entablar conversaciones y reírse.

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