Un año ya. No sé dónde carajo estarás. Desde que te fuiste, ya nadie le escribe a la memoria de ese Santiago que vos llamaste la “ciudad inventada”. Jorge, para tu tranquilidad, el Zoco de la Buri Buri sigue vivito y coleando.
Muchas veces me pregunté cuánto amor hay que tener para escribirle a la tierra de uno desde la perspectiva del tiempo. Y no hacer solo una carilla, sino un montón de litros de tinta para resucitar anécdotas, vivencias, lugares.
No hay quien les escriba hoy a las mesas de Gallito, a la pizzería La Merced o al Kakuy del parque Aguirre. Ni quién nos ponga en presente las glorias del Parque de Grandes Espectáculos o de los rincones que hicieron de refugio a la bohemia santiagueña.
Viviste todas las vidas en una y todas dedicadas a dejar por sentado en tinta y papel el Santiago que fue y que jamás volverá.
Sé que no fue desde la sociología, que fue tu profesión, sino desde lo más íntimo del alma. Casi una necesidad —para muchos incomprensible— de perpetuar la memoria de lo que puede llegar a ser olvidable con el paso del tiempo.
Y en esa lucha contra el reloj, que es insobornable, escribiste un montón de Zocos que nos dejan con los fotogramas de aquellos tiempos.
Hay quienes escriben por motivos viles. Para ser famosos, por reconocimiento, en la falsa creencia de que se van a llenar de guita con la venta de sus libros.
Vos no. Hasta tu partida escribiste en Nuevo Diario, con Lorena hiciste una película, dejaste un millón de documentos en primera persona sobre el pasado de Santiago del Estero y huiste de la fama y los oropeles.
Y eso te agiganta.
Quedaste en cada letra de cada oración de cada página de cada libro que se editó con tus Zocos. Pero, por sobre todas las cosas, te hiciste carne en quienes te conocimos como un tipo que, a pesar de su inteligencia y conocimientos que podrían haberte transformado en un soberbio insoportable, murió como vivió, desde la humildad que hace a la buena gente inolvidable. Un año sin vos. Un año más solos.
Pero nos queda el Zoco. Nada más. Nada menos.
Xavier M. Ferrera Peña