El clima errático de las últimas semanas ha puesto a prueba no solo el guardarropa de los santiagueños, sino también su conducta alimentaria. Con mañanas frescas que viran hacia tardes calurosas y regresan a noches frías, el organismo experimenta desajustes que impactan directamente en la sensación de saciedad y en la elección de los platos diarios. En este contexto, la Lic. en Nutrición Claudia Paz Carabajal advierte que el factor climático es un condicionante clave que requiere estrategias específicas para no abandonar los hábitos saludables.
Según explica la especialista, la llegada de las bajas temperaturas suele disparar consultas muy específicas en el consultorio. "Las consultas más frecuentes giran en torno al aumento del apetito, los antojos de alimentos más calóricos como harinas o dulces, y la dificultad para mantener la constancia", señala Carabajal. La licenciada identifica que muchas veces aparece una sensación de “hambre constante” que no siempre es real, sino que está asociada a la menor exposición solar y a una búsqueda de confort emocional a través de la comida.
Al ser consultada sobre si resulta más difícil sostener una dieta bajo estas condiciones, la nutricionista es tajante: "Generalmente, cuesta más". El frío favorece la búsqueda de alimentos con mayor densidad energética y, en paralelo, disminuye la motivación para realizar actividad física. "Pasamos más tiempo en casa y eso aumenta las oportunidades de comer sin hambre real. Por eso, más que hablar de 'dieta', el enfoque debe estar en trabajar hábitos sostenibles y, sobre todo, en la organización previa", sostiene.
El cambio de clima influye tanto a nivel fisiológico como conductual. Fisiológicamente, el cuerpo puede demandar más energía para termorregular y mantener la temperatura corporal. Conductualmente, el sedentarismo gana terreno. Carabajal destaca que estas variaciones también impactan en el estado de ánimo, lo que deriva en "comer por ansiedad o por emoción, más que por una necesidad nutricional real", un fenómeno que se acentúa cuando el cielo está nublado o la temperatura desciende bruscamente.
Para enfrentar estas épocas de temperaturas erráticas, la licenciada propone una regla de oro: adaptarse, no restringirse. Entre sus principales recomendaciones, sugiere priorizar comidas calientes pero nutritivas. "Sopas, guisos livianos y preparaciones caseras equilibradas son ideales para brindar calor al cuerpo sin aportar calorías vacías", detalla. Además, hace hincapié en la inclusión de proteínas de calidad, fundamentales para generar una saciedad duradera y evitar el picoteo constante de carbohidratos.
Otro punto crítico que menciona Carabajal es la hidratación. Aunque en climas frescos la sensación de sed disminuye, el cuerpo sigue necesitando agua para funcionar correctamente. La especialista aconseja no saltear comidas para evitar llegar con un hambre excesiva a la cena y, fundamentalmente, organizar el menú semanal con anticipación. "Tener comida saludable lista evita que recurramos a opciones rápidas y poco nutritivas cuando estamos cansados o tenemos frío", explica la profesional.
Finalmente, la Lic. Claudia Paz Carabajal invita a vivir este proceso con conciencia y flexibilidad. El objetivo no es alcanzar una perfección inalcanzable, sino buscar el equilibrio sin caer en excesos. "No se trata de comer menos, sino de comer mejor y de forma más consciente, adaptando la alimentación a la estación que transitamos", concluye, dejando en claro que el clima puede ser un desafío, pero nunca un impedimento para cuidar la salud.