El reciente anuncio en Turquía sobre la aprobación de una ley que restringe el acceso a las redes sociales a menores de 15 años ha encendido una mecha de debate ético y práctico a nivel mundial. Esta medida se suma a una tendencia global que ya tiene antecedentes en países como Australia y Grecia, donde la preocupación por la salud mental y la seguridad digital de los más jóvenes ha escalado a niveles de política de Estado. En Argentina, la problemática toca una fibra sensible en las familias, planteando el interrogante de si la prohibición es la solución o si el foco debe estar en la educación consciente.
La licenciada en psicopedagogía María Agustina Abdala, especialista en inclusión escolar, sostiene que, si bien estas leyes buscan mitigar riesgos como el ciberacoso, en nuestro país la prohibición total no sería la respuesta más eficaz. Para la profesional, es imperativo que las plataformas refuercen sus sistemas de verificación de edad, pero advierte que no se puede pretender que niños que nacieron rodeados de estímulos informáticos en pleno siglo XXI sean abstraídos de su realidad tecnológica; por el contrario, el desafío es educarlos en un uso responsable y coherente.
El aula y la regulación
Dentro de las instituciones educativas, el abordaje está virando hacia una regulación consciente del dispositivo. La licenciada Abdala propone diferenciar momentos de "pantalla apagada" de los de "pantallas con propósito". Mientras que en los primeros se busca fortalecer la atención y el vínculo entre pares —utilizando incluso métodos como cajas para guardar celulares—, en los segundos el dispositivo se convierte en un recurso pedagógico mediado por el docente para investigar o crear contenido, fomentando procesos metacognitivos en lugar del simple "copiar y pegar".
Al ser consultada sobre el caso en Turquía y si cree que en Argentina la prohibición del uso de redes en menos es la solución, analizó: “La ley aprobada en Turquía busca disminuir riesgos de ciberacoso y de salud mental. En Argentina, se están viviendo situaciones complejas y delicadas en las escuelas estos últimos días, donde se activaron diversos protocolos y dispositivos que fueron analizados y establecidos a nivel provincial. Desde mi perspectiva como profesional, la prohibición del uso de redes a menores no sería una solución ante dicha problemática. Considero que sí sería muy importante que las plataformas tengan sistemas de verificación de edad más estrictos para que no todos los niños y adolescentes tengan acceso a cualquier tipo de contenido”.
En la misma línea, siguió: “Desde lo que respecta al rol de la escuela, debemos educar y guiar a los niños y jóvenes en el correcto uso de las tecnologías, como centro de base de diversos conocimientos. No podemos pretender que en el siglo 21 los niños o jóvenes no hagan uso de las tecnologías cuando ya nacieron rodeados de múltiples estímulos informáticos; abstraerlos no sería la solución; educarlos con respecto al uso consciente y responsable de las mismas creo que sería mucho más coherente. Como escuela, también debemos trabajar en conjunto con la familia, pilar fundamental en la vida de los niños y adolescentes. La familia debe tener un mayor control con respecto a qué ven sus hijos en las pantallas, qué páginas buscan, qué tipo de videos o juegos usan, qué tipo de lenguaje escuchan, ya que, como decimos: los niños son como esponjas´”.
“Existen bases científicas que comprueban que niños menores a 12 o 13 años aún no pueden discernir entre lo que es realidad y lo que es ficción, por lo tanto, llevan a la práctica cotidiana acciones, hechos que no son coherentes con la vida real. Es muy importante, también, el trabajo conjunto con las familias sobre las normas escolares con los niños. Si bien en las aulas los docentes trabajan sobre las mismas, fortalecer en la casa dichas reglas ayudará a su comprensión y respeto”, explicó Abdala.
Esta mirada es compartida por la Lic. Mónica Roldán Lescano, directora del Instituto San Ignacio de Loyola, quien enfatiza que una ley en Argentina no funcionaría sin tres pilares que "no se compran": adultos presentes que pongan el cuerpo, escuelas con tiempo para el vínculo y familias que retomen el diálogo cara a cara en la mesa. Para la directiva, el aula se salva con la palabra y el sentido del encuentro, no solo con el cumplimiento de un programa académico rígido o una normativa prohibitiva.
Vínculos versus algoritmos
El trabajo actual en las aulas santiagueñas se centra en el sentido de la convivencia. Roldán Lescano advierte que, ante situaciones de conflicto o amenazas en redes, la respuesta institucional debe ser trabajar sobre el vínculo y la escucha desde un lugar de autoridad responsable. "El límite tiene que tener un sentido pedagógico y de cuidado hacia el otro", sostiene, remarcando que lo que hoy falta es tiempo para estar con el alumno sin el apuro de los contenidos curriculares, permitiendo que la escuela sea un espacio de aprendizaje convivencial.
Acerca del trabajo que debería implementarse en las aulas con respecto al vínculo de los alumnos con las redes sociales y los dispositivos tecnológicos, puntualizó: “Dentro de las aulas, se está buscando trabajar mediante una regulación consciente con respecto al uso de los celulares o diversas herramientas tecnológicas, como también de las redes. Como decía anteriormente, se busca que los niños y jóvenes puedan comprender y reconocer los beneficios y daños que pueden provocar los mismos, y así que los mismos hagan un uso consciente de ellos. Buscar proponer al celular como recurso, no como distractor. A partir del cual se busque mediar momentos de pantallas apagadas (donde los alumnos se desconectan por completo de las pantallas - algunos docentes aplican el uso de cajas donde poner los celulares y guardarlos; esto busca fortalecer procesos de vinculación entre pares y docente, procesos de atención, de comprensión, de realización de actividades a partir de procesos metacognitivos), y momentos de pantallas con propósito (es decir, el dispositivo celular o tecnológico se hace uso ante determinada solicitud del docente para la realización de alguna actividad con un objetivo claro). Estos momentos incluso pueden ser acordados entre docentes y alumnos, pensando principalmente en la secundaria, en donde ante una prohibición se observan situaciones de rebeldía”.
La tecnología, bajo esta óptica, debe funcionar como un puente y no como un muro de aislamiento. La directora insiste en que el celular no puede ser utilizado como un "chupete electrónico" para que el niño no moleste, sino que requiere de un adulto que no tema a la tecnología, pero que sepa guiar al menor en este mundo maravilloso y riesgoso a la vez. La clave reside en que ninguna ley puede reemplazar el tiempo que un padre o docente dedica a enseñar a navegar el universo digital con criterio propio.
“Por lo tanto, si los acuerdos de convivencia se los piensa y construye junto a ellos, ¿no sería mejor? ¿No estaríamos además enseñando a tomar decisiones conscientes? Las escuelas en estos tiempos deben poder actualizar un poco las currículas y poder proponer espacios en donde los niños y jóvenes, a través del uso de diversas tecnologías, puedan desarrollar pensamientos críticos, provocar debates y expandir las mentes de los niños hacia nuevos interrogantes y búsqueda de aprendizaje, y que la resolución de las actividades no sea con un solo ´copiar y pegar´. En donde los niños y jóvenes puedan aprender, guiados por expertos, el uso de las redes, construcción de vídeos, uso de las diversas herramientas que existen y sus funciones, aprendan a programar o a trabajar con simulaciones en 3D; considero que para ese lado es donde apunta el mundo completo”, agregó.
“Los niños y jóvenes deben poder aprender a que los celulares y redes no solo son para hacer trends o videos o para momentos de dispersión, sino que con ellos podemos aprender numerosas cosas y muy relevantes”, remarcó. Asimismo, la profesional indicó que en algunas escuelas se implementa en las aulas el hecho de dejar los celulares en una caja antes de iniciar la clase y cuando finaliza, lo retiran, por lo cual es una medida de convivencia que cada docente o institución implementa”, planteó.
Realidad y ficción
Un punto crítico señalado por la psicopedagogía es la base científica que comprueba que menores de 12 o 13 años aún no logran discernir completamente entre la realidad y la ficción. Esto provoca que trasladen a su vida cotidiana acciones o lenguajes que ven en redes, los cuales carecen de coherencia en el mundo real. Por ello, el trabajo articulado con la familia es vital para fortalecer en el hogar las normas escolares y ejercer un control parental efectivo sobre los contenidos que los niños consumen como "esponjas".
Por otro lado, la docente y hoy en día directora de un establecimiento, Lic. Mónica Roldán Lescano, directora de nivel primario del Instituto San Ignacio de Loyola y secretaria del nivel secundario. “¿Qué pasaría si el día de mañana la Argentina también toma esta ley para prohibir el uso de celulares, el uso de las redes a los chicos menores de 15 años? Me parece que aquí no funcionaría. Porque aquí lo que primero que necesitamos son tres cosas muy importantes que no se compran: una es los adultos presentes y que pongan el cuerpo sin miedo, que estén para los hijos; escuelas también con tiempo para el vínculo, no solo para el contenido; Y familias que hablen, aunque duela, en la mesa, en el lugar donde nos encontramos siempre, ahí en la cocina donde nos encontramos siempre la familia y no por WhatsApp”.
En referencia al trabajo actual en las aulas con respecto al vínculo de los alumnos con las redes y con los dispositivos tecnológicos, indicó: “A continuación, presento la transcripción fiel del audio con las declaraciones de la directora Mónica Roldán Lescano sobre el trabajo en las aulas y el vínculo de los alumnos con la tecnología: “Nosotros trabajamos mucho, incluso hoy que ya no están las redes sociales abiertas, porque hace unos días que ya no funcionan por lo menos para los chicos. Pero nosotros hoy estamos trabajando sobre qué es lo que pasa en el aula, de qué manera nos vinculamos. Y cuando hay algún escrito, cuando hay alguna amenaza, lo que se hace es trabajar sobre el vínculo, sobre la palabra, sobre el sentido que tiene hoy estar en la escuela. ¿Qué sentido tiene hoy para un chico estar en la escuela? Si es solamente para aprender un contenido o si es también para aprender a convivir, para aprender a estar con el otro. Y me parece que ahí es donde nosotros como adultos tenemos que poner el cuerpo. No tener miedo a los chicos, no tener miedo a lo que dicen, sino sentarnos a escucharlos. Escucharlos desde un lugar de adultos, no desde un lugar de iguales, porque no somos iguales”.
“Nosotros somos los que tenemos que guiar, los que tenemos que poner el límite, pero un límite que tenga sentido. No un límite porque sí, o un límite porque hay una ley. El límite tiene que tener un sentido pedagógico, un sentido de cuidado hacia el otro. Y me parece que eso es lo que hoy nos está faltando: tiempo. Tiempo para el vínculo, tiempo para la escucha, tiempo para estar con el otro sin el apuro de cumplir con un programa o con un contenido. En un apartado se debe describir en dos párrafos, para dar contexto y con un título, lo que fue la implementación de tal ley en Turquía y en qué otros lugares del mundo se implementó (otro país como Grecia)” agregó.
“Si mañana sale la ley, bienvenida como un límite. Pero si creemos que con eso se acaban los escritos en las paredes, creo que estamos equivocados, nos estamos mintiendo. El aula se salva con una ley, con el vínculo y que tenga sentido. Estas tres cosas juntas son muy importantes”, subrayó.
Como tercer punto importante, que abordó Mónica Roldán Lescano, habló sobre la manera en que deberían abordarse los usos medidos o "controlados" de las redes y celulares en las aulas. "Y el tercer punto, me parece que es el más importante, es cómo habitamos la tecnología. No se trata de prohibir por prohibir, sino de enseñar a usar. El celular en el aula puede ser una herramienta maravillosa si tiene un sentido pedagógico, si está mediado por un adulto que sabe para qué lo está usando. Si el chico está con el celular para evadirse de la realidad, para no estar con el otro, ahí es donde el límite tiene que aparecer. Pero si el celular es para investigar, para crear, para producir un contenido que tenga que ver con lo que estamos aprendiendo, bienvenido sea. Pero eso requiere de un adulto presente, de un adulto que no tenga miedo a la tecnología, pero que tampoco la use como un 'chupete electrónico' para que el chico no moleste”.
“Me parece que el desafío hoy es ese: cómo logramos que la tecnología sea un puente y no un muro. Y eso se logra con el vínculo, con la palabra y con el tiempo. No hay leyes que reemplacen el tiempo que un padre o un docente le dedica a un chico para enseñarle a navegar en este mundo digital, que es un mundo maravilloso pero que también tiene sus riesgos. Por eso, insisto: adultos presentes, escuelas con tiempo para el vínculo y familias que hablen. Esas son las tres claves para que cualquier ley, si es que sale, realmente tenga sentido”, sostuvo.
Finalmente, el consenso entre los especialistas apunta a una actualización de las currículas. La escuela debe proponer espacios donde los jóvenes desarrollen pensamiento crítico a través de la programación, simulaciones 3D o construcción de videos con objetivos claros. Enseñar a tomar decisiones conscientes y construir acuerdos de convivencia junto a los alumnos, especialmente en secundaria para evitar la rebeldía ante la prohibición, parece ser el camino para que la tecnología sea, finalmente, una herramienta de progreso y no de evasión.
Contexto Global: El "Cepo" Digital en Turquía y Grecia
La implementación de la ley en Turquía busca restringir el acceso a redes sociales a menores de 15 años bajo supervisión estricta de los padres y multas a plataformas que no verifiquen la edad. En una línea similar, Grecia ha avanzado con la prohibición del uso de teléfonos móviles durante toda la jornada escolar (incluyendo recreos), estableciendo sanciones que van desde la suspensión por un día hasta el cambio de escuela para quienes graben a compañeros o docentes. Estas medidas intentan frenar el ciberbullying y la dispersión en el aprendizaje.
Control Parental y Conectividad
Se recomienda a los padres utilizar aplicaciones de control parental (como Family Link o Qustodio) para establecer límites de tiempo y filtrar contenidos inapropiados. En Argentina, estadísticas recientes indican que los adolescentes pasan, en promedio, entre 6 y 9 horas diarias conectados a sus dispositivos, una cifra que preocupa a los especialistas por el desplazamiento de actividades físicas y de descanso.
Ciberacoso en Cifras
El ciberacoso es una de las problemáticas más graves del ecosistema digital local. Según informes de organizaciones de protección al menor, aproximadamente el 40% de los niños y adolescentes en Argentina sufren o han sufrido alguna situación de ciberacoso en redes sociales al año, lo que refuerza la necesidad de protocolos de actuación urgente en las instituciones educativas.