Luis Escañuela, párroco de Sagrado Corazón de Jesús, dialogó ayer con Nuevo Diario sobre el proyecto que pretende establecer la edad de imputabilidad en 13 o 14 años (actualmente, en 16).
"Compartimos la preocupación por las diferentes situaciones de violencia y dolor que viven muchas familias. Sin embargo, creemos que el camino no pasa solamente por la baja de imputabilidad, sino por ir a las raíces del problema", consideró Escañuela.
Manuel Adorni, jefe de Gabinete de Ministros de la Nación, confirmó esta semana —vía redes sociales— que el tratamiento por la Ley Penal Juvenil será entre mañana y el próximo 27 de febrero parte del temario de las sesiones extraordinarias.
"Los niños, los adolescentes y los jóvenes de hoy necesitan, más que nada, educación, contención y oportunidades reales de crecimiento", aseguró el párroco.
El proyecto, impulsado desde el oficialismo, busca que se permita juzgar a adolescentes por delitos graves. Asimismo, establece un nuevo régimen penal juvenil con penas alternativas, programas socioeducativos y topes máximos de condena (alrededor de 15-20 años).
"Desde la experiencia cotidiana que uno tiene al caminar con los jóvenes, uno percibe claramente cuánto necesitan los chicos y las chicas ser escuchados y ser acompañados; es decir, ser tenidos en cuenta", advirtió el sacerdote.
Vale mencionar que desde la Conferencia Episcopal Argentina difundieron recientemente un documento alusivo al Régimen Penal Juvenil, en el cual expresaron: "El desafío es más amplio: pensar caminos que cuiden, eduquen y acompañen y no solo respuestas que llegan cuando el daño ya está hecho".
De acuerdo con el Padre, "detrás de muchas situaciones de violencia hay historias de abandono, de soledad, de falta de límites", por lo que "estos muchachos y estas muchachas precisan ser tenidos en cuenta, sobre todo por los adultos"; entonces, "la respuesta no puede solo ser punitiva, sino profundamente humana y preventiva".
"La Iglesia propone fortalecer a las familias, acompañar a las comunidades y generar líneas de acción concretas que ayuden a los chicos y a las chicas a canalizar sus conflictos, sin recurrir a la violencia, al odio y a la delincuencia", destacó el entrevistado.
Por último, Escañuela ratificó que "la verdadera solución está en la presencia cercana de adultos que se comprometen a acompañarlos y a educarlos", así como también en "políticas que devuelvan a los jóvenes la dignidad y la esperanza", mediante "un Estado y una Iglesia presentes" para que "ningún, niño, adolescente o joven se sienta descartado".