El dato es contundente y enciende alarmas sobre el bienestar emocional de los argentinos: apenas el 33% de la población manifiesta estar satisfecha con su vida sexual. Si bien los porcentajes pueden fluctuar según la metodología de cada estudio, la tendencia hacia la baja en el disfrute íntimo es una realidad que se consolida en las estadísticas actuales. Este escenario no solo refleja una crisis en la alcoba, sino que funciona como un síntoma de problemáticas más profundas relacionadas con el estilo de vida contemporáneo y la salud mental colectiva.
Para la licenciada Daniela Arias, psicóloga y sexóloga, este escenario es moneda corriente en su consultorio. Según explica la profesional, aunque los números exactos puedan debatirse, lo que es innegable es el aumento de personas que refieren serias dificultades para conectar con el deseo y el disfrute. Arias sostiene que la sexualidad no es un compartimento estanco que depende únicamente del acto físico, sino que está intrínsecamente ligada al bienestar emocional, la autoestima y la forma en que cada individuo se percibe a sí mismo y a su entorno.
“Existen distintos estudios e informes que evidencian una disminución en la satisfacción sexual y vincular, aunque los porcentajes pueden variar según la metodología utilizada. Más allá del número exacto, sí observamos un aumento de personas que refieren dificultades para conectar con el deseo, el disfrute y la intimidad”, planteó.
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Factores y consultas
Hay factores como el estrés, la ansiedad, la rutina, el agotamiento mental y la sobreexigencia afectan directamente la vida sexual. La sexualidad no involucra y tampoco depende del acto sexual, sino también del bienestar emocional, la autoestima y de cómo nos sentimos con nosotros mismos y con los demás.
Uno de los diagnósticos principales que arroja la práctica profesional es que factores externos como el estrés crónico, la ansiedad y el agotamiento mental están "anestesiando" la libido de los ciudadanos.
En cuanto a la demanda clínica, Arias confirma que las consultas por disminución o falta de deseo sexual son cada vez más frecuentes, tanto en individuos como en parejas.
“Cada vez son más frecuentes, muchas personas suelen consultar por disminución o falta de deseo sexual, desconexión emocional, dificultades para comunicarse en pareja, inseguridades con el cuerpo o sensación de rutina en la intimidad. También aparecen casos donde existe afecto y amor, pero la pareja siente que perdió espacios de encuentro o espontaneidad debido al estrés cotidiano, las responsabilidades o el agotamiento emocional”, analizó.
Un actor central en esta problemática es la tecnología. La hiperconectividad y el uso excesivo de dispositivos móviles actúan como "grandes interruptores de contacto". Estar permanentemente atentos a las notificaciones genera una fatiga mental que dificulta la presencia emocional necesaria para un vínculo profundo. Además, las redes sociales suelen ser plataformas de comparación constante con modelos irreales de cuerpos y relaciones, lo que deviene en frustración y una presión desmedida respecto al desempeño sexual personal.
Hiperconectividad y lejanía
Por lo cual, remarcó: “La hiperconectividad influye significativamente en la forma en que nos vinculamos. Estar constantemente conectados puede generar fatiga mental, ansiedad y dificultades para estar presentes emocionalmente, justamente es un gran interruptor de contacto. Además, las redes sociales muchas veces muestran modelos irreales sobre el cuerpo, las relaciones o la sexualidad, lo que puede generar comparaciones, frustración o presión respecto al desempeño sexual y la imagen personal”.
Arias advierte que no se trata de demonizar la tecnología, sino de revisar la calidad de atención que brindamos a nuestros vínculos.
El informe y la visión de la experta coinciden en que la sexualidad debe ser abordada desde una perspectiva integral. Ya no alcanza con entenderla como una función biológica, sino que hoy hablar de sexo es, fundamentalmente, hablar de salud mental.
“Influyen múltiples factores: el estrés, la inmediatez (querer todo para ayer), las dificultades en la comunicación, el miedo a la vulnerabilidad y también experiencias emocionales previas que muchas veces no fueron elaboradas. Vivimos en una sociedad acelerada, donde muchas personas están agotadas emocionalmente y con poco espacio para conectar genuinamente con sus emociones y con los demás. Por eso hoy hablar de sexualidad también implica hablar de salud mental, autoestima y calidad vincular”, añadió.
Finalmente, el desafío parece residir en la recuperación de la intimidad como un espacio de salud y resistencia frente al ritmo vertiginoso del siglo XXI. Fomentar la comunicación en la pareja, trabajar la autoestima y establecer límites al uso de dispositivos son pasos esenciales para revertir las cifras de insatisfacción.
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