Ángel "Lito" Garay, reconocido vecino de La Banda y Licenciado en Artes, es uno de los sobrevivientes de la última dictadura cívico-militar en Argentina. Su historia está atravesada por la persecución, el secuestro y la tortura, pero también por la resiliencia y el arte como forma de expresión en tiempos donde la libertad estaba prohibida. En diálogo con Nuevo Diario, compartió su testimonio y dejó un mensaje claro: la importancia de sostener la memoria, la verdad y la justicia.
En su relato, Garay recordó el contexto previo al golpe de Estado y cómo se vivía en Tucumán, donde cursaba sus estudios universitarios:
"El día del golpe cívico militar me encontraba en Tucumán cursando mi carrera universitaria de Licenciatura en Artes. Para mí, como para muchos, no fue ninguna sorpresa porque los militares ya estaban instalados en esa provincia desde febrero de 1975. El gobierno de lsabel Martínez de Perón había ordenado el Operativo lndependencia, dando comienzo al Terrorismo de Estado en la Argentina. A fines del año anterior, ya habían detenido a los principales dirigentes obreros y estudiantiles y la Triple A nos había bombardeado el comedor universitario donde concurríamos estudiantes que proveníamos de otras provincias y del interior de Tucumán. Los cadáveres desparramados en las rutas eran testimonio latente de los compañeros y compañeras arrancados de sus casas para luego ser fusilados en cualquier lugar. Luego esos lugares se convirtieron en los centros clandestinos del horror. Yo integraba el centro de estudiantes de la Facultad de Artes, pero a fines del '74 todos los centros se cerraron por las amenazas que sufríamos y se prohibieron las agrupaciones estudiantiles".
Asimismo, detalló cómo la represión se profundizó en la provincia incluso antes del golpe:
"Con la llegada del Operativo lndependencia se intervino la Universidad, se clausuraron todos los gremios y se conculcaron todas las libertades públicas. Es decir, la dictadura en Tucumán comenzó un año antes del golpe. Fueron días de incertidumbre y mucho miedo, por no saber dónde estaban nuestros amigos y compañeros y sin saber cuándo vendrían por nosotros. Yo venía casi todos los fines de semanas a Santiago por razones de seguridad y tenía un espacio en la Sociedad Cosmopolita donde pintaba para aplacar el dolor y la depresión".
En ese contexto adverso, el arte se transformó en un refugio colectivo:
"De pronto ese lugar se convirtió en un nido necesario para artistas que lo hicieron suyo, ya que no tenían dónde juntarse porque estaba prohibida la libertad de reunión y expresión, no era la intención crear el Atelier Cultural, pero lo creó la gente que fue llegando, pintores, artistas, el mismo Carlos Carabajal, nació por una necesidad humana de ese momento de encontrarse en un lugar que era bohemio, que era cálido y que contrastaba con el espíritu de la época".
Sin embargo, ni siquiera ese espacio estuvo exento de persecución:
"No obstante los servicios de inteligencia nos controlaban y un sábado a la tarde, cuando proyectábamos una película para niños, las fuerzas conjuntas rodearon la manzana y nos allanaron. No encontraron nada, por supuesto, pero el objetivo era intimidarnos y alejar con el miedo a la gente que concurría al Atelier ya formado como tal. Al poco tiempo dos muestras plásticas mías fueron suspendidas por amenazas con bombas a los lugares donde iba a inaugurar las exposiciones. La llegada de la democracia fue para mí y para muchos, como volver a respirar y pensar que podíamos soñar de nuevo con un país mejor. Pero los buitres del pasado nunca se van, esperan que muera la memoria, suelen decir."
Finalmente, Garay reveló uno de los momentos más duros de su vida y reflexionó sobre el presente:
"A mí me secuestraron y me torturaron, antes de que se iniciara la Megacausa a los genocidas santiagueños. Y hoy vemos que los monstruos del pasado han regresado, con representantes psicológicamente fracturados en el contexto de una época sin valores, pensamos que ya habíamos pasado lo peor".