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La Provincia Educación

Héctor Shalom instó a un abordaje integrativo para frenar la violencia en las aulas: “No hay soluciones mágicas”

El director de la Casa de Ana Frank en Argentina advirtió que la agresividad en las escuelas es un síntoma social que requiere la participación de toda la comunidad educativa.

Desde su rol como director de la Casa de Ana Frank en Argentina, Héctor Shalom, puso el foco en una de las problemáticas más urgentes del sistema educativo actual: la violencia en las aulas. Con una mirada profunda y multicausal, Shalom sostuvo que el fenómeno de la agresividad entre pares no puede resolverse con medidas aisladas o meramente punitivas, sino que exige un "abordaje integrativo" que involucre de manera activa a directivos, docentes, familias y, fundamentalmente, a los propios estudiantes en la construcción de su convivencia.

Para el especialista, la violencia escolar debe ser entendida como un síntoma de tensiones sociales más amplias que se filtran en el ámbito educativo. En este sentido, Shalom explicó que el abordaje integrativo propone dejar de ver el conflicto como un hecho individual entre un "agresor" y una "víctima", para analizarlo como una dinámica grupal. Según su visión, es vital trabajar con la figura del "espectador", aquel alumno que presencia el maltrato y cuyo silencio, muchas veces por temor o indiferencia, termina validando y sosteniendo la situación de violencia en el tiempo.

Shalom hizo especial hincapié en que el diálogo es la herramienta soberana para desarticular estos círculos. "Es necesario que la escuela genere espacios donde los jóvenes puedan expresar lo que sienten y piensan sin temor a ser juzgados", señaló. En este punto, destacó que los concursos de escritura que la institución promueve en la provincia funcionan como una válvula de escape y un método de procesamiento: al escribir sobre la discriminación o la historia de Ana Frank, los alumnos logran poner palabras a sus propias angustias y empatizar con el sufrimiento ajeno.

Al analizar el impacto de estas iniciativas en Santiago del Estero, Shalom reveló que en los últimos cuatro años se ha logrado impactar en más de un centenar de escuelas de toda la provincia. Este trabajo sostenido ha permitido que la temática de los derechos humanos y la convivencia no sea un evento aislado, sino una política educativa constante. El director celebró la respuesta de las instituciones santiagueñas, que han sabido integrar estas propuestas literarias como una vía pedagógica para prevenir conductas violentas y fomentar el pensamiento crítico.

La propuesta de Shalom para las aulas santiagueñas es clara: pasar de la cultura de la sanción a la cultura del cuidado. Un abordaje integrativo implica que el docente no sea un mero observador de los conflictos, sino un mediador con herramientas emocionales sólidas. La formación docente en resolución no violenta de conflictos aparece, bajo esta perspectiva, como una inversión prioritaria para garantizar que el salón de clases sea un lugar donde la diferencia se valore y no se persiga.

El director también vinculó la importancia de la memoria histórica con la realidad actual de los jóvenes. Argumentó que entender cómo se construyeron los discursos de odio en el pasado permite a los adolescentes identificar señales de alerta en el presente, como la estigmatización o el aislamiento de un compañero por su identidad. Para Shalom, el conocimiento histórico es el cimiento sobre el cual se construye la empatía, y esta última es el antídoto más eficaz contra cualquier forma de violencia escolar.

Un punto fundamental del abordaje integrativo es la coherencia entre lo que se enseña y lo que se vive. Shalom advirtió que no se puede pedir a los jóvenes que sean pacíficos si las instituciones o el entorno adulto proyectan niveles altos de intolerancia. Por ello, instó a las familias a ser parte activa de los acuerdos de convivencia, entendiendo que el hogar y la escuela deben hablar el mismo lenguaje de respeto y valoración de la vida humana.

Durante la entrevista, el referente de la Casa de Ana Frank destacó que el compromiso de Santiago del Estero con estos valores ha sido "excepcional". La gran cantidad de escuelas que participan año a año en los certámenes literarios demuestra que hay una comunidad educativa dispuesta a dar batalla a la indiferencia. Para Shalom, cada texto producido por un alumno es una oportunidad de reflexión que le quita terreno a la violencia física o verbal, reemplazándola por el poder de la palabra.

La mirada integrativa también contempla la inclusión de la diversidad como una riqueza y no como una amenaza. Shalom subrayó que la escuela es, quizás, el primer lugar donde el individuo se encuentra con "el otro" diferente, y es allí donde se debe sembrar la idea de la protección mutua. El objetivo final es que ningún joven se sienta solo frente a la agresión y que el grupo tenga la fortaleza ética de intervenir positivamente para frenar cualquier abuso.

Héctor Shalom concluyó reafirmando que el camino hacia una educación sin violencia es largo y requiere constancia. Sin embargo, se mostró optimista ante la labor realizada en la provincia: "Cuando un joven escribe, cuando reflexiona y se pone en el lugar del otro, estamos ganando un ciudadano para la paz". Con la memoria de Ana Frank como bandera, la propuesta sigue siendo transformar las aulas en espacios de refugio y crecimiento, donde la integración sea la norma y la violencia, una excepción debidamente abordada.

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