Lo que comenzó como un espacio de contención para niños y adolescentes se convirtió, con el paso de los años, en el motor de una comunidad que busca recuperar su identidad. En el corazón del barrio Tradición, uno de los sectores más antiguos de la Capital santiagueña, Fabián Coria encontró mucho más que un lugar para jugar: halló el sitio desde donde hoy, a sus 28 años, trabaja para fortalecer los lazos entre los vecinos y proyectar el futuro del barrio.
Su historia con el centro vecinal comenzó cuando apenas tenía 12 años. En aquel entonces, el edificio funcionaba como un centro de promoción y protección de derechos dependiente de la Subsecretaría de Niñez, Adolescencia y Familia. Allí asistían chicos y chicas del sector para participar de actividades recreativas y educativas, en un contexto atravesado por la necesidad de combatir el trabajo infantil y ofrecer espacios de contención.
"Yo venía como un niño más", recuerda Coria, quien pasó gran parte de su infancia y adolescencia entre talleres, juegos y el acompañamiento de quienes, por aquellos años, eran simplemente "las seños".
Con el tiempo, mientras avanzaba en sus estudios secundarios y universitarios, comenzó a observar las dificultades que atravesaban tanto el centro vecinal como el barrio. Las comisiones directivas se debilitaban, las instituciones perdían protagonismo y la participación comunitaria parecía diluirse. Fue entonces cuando decidió involucrarse.
Convocó a vecinos, recuperó vínculos y apostó a devolverle al barrio el espíritu solidario que, según cuenta, caracterizó a generaciones anteriores. El desafío no era menor: el centro vecinal, fundado en la década de 1980, forma parte de una comunidad con más de siete décadas de historia y marcada por una fuerte identidad cultural.
"Después de la pandemia, muchas instituciones barriales dejaron de funcionar. Hoy, este es uno de los pocos centros vecinales que mantiene actividades durante toda la semana", sostiene.
El trabajo articulado con distintas organizaciones permitió consolidar una red integrada por el Centro de Jubilados, el CAPS municipal Hipólito Yrigoyen, la UPA provincial, el centro terapéutico CETISAN, la Escuela N.º 281 Henry Dunant y el jardín Walt Disney, entre otras instituciones. Cada aniversario del barrio, celebrado el 10 de noviembre, se convierte en una muestra de ese esfuerzo colectivo.
Actualmente, el centro vecinal ofrece talleres de folclore para niños, jóvenes y adultos, clases de zumba y una escuela de básquet, además de impulsar nuevos proyectos vinculados al deporte y la inclusión. Uno de ellos es la incorporación del boxeo como herramienta de contención social.
El encargado de esta nueva propuesta es Ariel Sebastián Villalba, entrenador con más de tres décadas de trayectoria, quien destacó la importancia de acercar el deporte a los jóvenes del sector.
"Queremos brindar oportunidades y formar un semillero. El boxeo siempre fue una herramienta para quienes buscan construir un futuro mejor", expresó.
Para Coria, recuperar la vida comunitaria también significa preservar la memoria del barrio. Por eso reivindica la importancia de la biblioteca popular Andrés Chazarreta, nacida gracias a las donaciones de antiguos vecinos y convertida en un espacio abierto para la lectura y el acompañamiento pedagógico.
Sin embargo, reconoce que aún quedan desafíos pendientes. La inseguridad aparece entre las principales preocupaciones, junto con la necesidad de poner en valor la feria municipal, un espacio clave para emprendedores y comerciantes de la zona.
En medio de esos proyectos, el dirigente barrial destaca la figura de quienes forjaron los cimientos de Tradición.
Entre ellos menciona a la familia Azar, considerada una de las primeras pobladoras del sector y responsable de la donación de tierras donde hoy funcionan la Plaza El Vidalero, la Escuela, la feria municipal y el propio centro vecinal.
"Necesitamos que todos se involucren. Las obras y las instituciones son parte de nuestra historia y tenemos que cuidarlas entre todos", afirma.
Entre recuerdos de infancia, proyectos deportivos y el esfuerzo cotidiano de vecinos e instituciones, el B° Tradición intenta recuperar aquello que le dio nombre: el sentido de pertenencia y la fuerza de una comunidad que construye historia.