En el marco de las celebraciones por el octogésimo quinto aniversario de la Escuela Superior de Profesorado en Educación Artística (ESPEA) N.º 1 "Nicolás Segundo Gennero", estudiantes de la carrera de Tecnicatura Superior en Comunicación Social orientada al Desarrollo Local participaron del taller "El uso de la lengua quichua en la radiofonía local". El encuentro académico, organizado por las profesoras Gabriela Amarilla y María Lidia Rodríguez, tuvo como disertante principal a la Lic. Silvia Graciela Sosa, hablante nativa de la lengua quichua, miembro de la comunidad indígena Tonokoté "Yaku Muchuna" y especialista en estudios culturales.
La jornada tuvo como eje la confluencia entre la palabra, la identidad y el territorio, con el propósito fundamental de analizar de qué manera la producción de medios puede revertir la invisibilización histórica de esta lengua madre y garantizar el ejercicio pleno de los derechos lingüísticos en la provincia.
De la violencia institucional al bilingüismo de resistencia
La capacitación se centró en el análisis sobre cómo el castellano operó históricamente como lengua dominante. Durante la ponencia se visibilizaron los procesos de violencia psicológica e institucional sufridos en el pasado por las infancias rurales, a quienes se les prohibía el uso del quichua mediante castigos corporales en los establecimientos escolares.
Esta persecución forzó a las comunidades supervivientes a adoptar el bilingüismo, dejando los casos de monolingüismo estricto reducidos a poblaciones de avanzada edad en zonas como Atamisqui, Figueroa, Salavina, Sarmiento, San Martín, Silípica, Loreto y Avellaneda, quienes hoy se encuentran marginados en el acceso básico a la salud y la administración pública por las barreras idiomáticas.
Una alarmante deuda estadística estatal
Sosa expuso con preocupación la ausencia de registros estatales específicos, calificando como una "deuda pendiente" que el Censo Nacional de Población condicione la variable lingüística únicamente a quienes se autorreconocen como descendientes de un pueblo originario. Esta metodología invisibiliza a miles de quichuistas de los sectores campesinos y urbanos santiagueños y formoseños que dominan el idioma, pero no se adscriben étnicamente a una comunidad indígena.
A nivel regional, investigaciones independientes estiman una población viva de 160.000 hablantes nativos. Según las clasificaciones técnicas del autor Alderetes, la provincia se fragmenta en zonas totalmente quichuas (como Figueroa, Sarmiento, Loreto, San Martín, Silípica, Salavina, Avellaneda y Atamisqui —donde los asentamientos en los márgenes de los ríos Dulce y Salado preservaron la cultura—) y parcialmente quichuas (tales como los departamentos Copo, Pellegrini, Taboada, Aguirre, Quebracho y General Taboada).
Desarmando preconceptos desde el aula
La socióloga derribó categóricamente los prejuicios lingüísticos que sostienen de forma errónea que el quichua es una "lengua muerta" o que carece de escritura, recordando que cuenta con un alfabeto normalizado apto para legar los saberes a las siguientes generaciones. Asimismo, se desmitificó la idea de que su enseñanza obstaculiza el aprendizaje del castellano, demostrando que la alfabetización bilingüe enriquece las facultades cognitivas.
Para ilustrar su peso histórico, se citó cómo los caudillos decimonónicos, entre ellos Antonino Taboada, lo hablaban fluidamente para sellar acuerdos comerciales y políticos, una realidad social retratada en la novela rural Shunko, donde el maestro de escuela debe aprender el idioma de su comunidad para ejercer la pedagogía.
El dial como territorio de identidad
Hacia el cierre del taller se enfatizó la necesidad de abrir espacios laborales formales en el turismo, la cultura y la radiodifusión mediante el compromiso de los futuros comunicadores. En este sentido, se analizaron experiencias de radiofonía comunitaria y pública que históricamente sirvieron de baluarte para la preservación de las raíces locales. Entre ellas se destacaron el emblemático programa Alero Quichua Santiagueño —fundado por don Sixto Palavecino, transmitido inicialmente por Radio Nacional y actualmente por la emisora de la UNSE—; las producciones conducidas por Casilda Chazarreta y las transmisiones dominicales del documental radial Salavinamanta Tukuypaq (Desde Salavina para todos), cuyo fin primordial sigue siendo devolverles la voz a las realidades campesinas del interior provincial.
Las docentes coordinadoras concluyeron el encuentro destacando que los medios de comunicación locales tienen el compromiso ético de abrir sus micrófonos a las lenguas originarias para poner en acto los derechos lingüísticos, y garantizar que el sonido del dial santiagueño refleje de manera genuina sus propias raíces y realidades.
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