Saltar menú de navegación Teclas de acceso rápido
La Provincia

El santiagueño que viene de Rosario para nunca faltar a la peregrinación de Mailín

Ramón Santillán regresa cada año a Santiago para reencontrarse con sus amigos y cumplir su promesa al Señor de los Milagros de Mailín. Organiza sus vacaciones para esta fecha y emprende viaje en su bici.

Aunque hace años eligió radicarse en Rosario, provincia de Santa Fe, Ramón Santillán jamás se alejó de sus raíces santiagueñas. Nacido y criado en el corazón del barrio Almirante Brown, cada año organiza sus vacaciones laborales con un único objetivo: volver a Santiago del Estero para reencontrarse con su familia, sus amigos y cumplir su promesa al Señor de los Milagros de Mailín. Conocido cariñosamente como "Ramonsito", mantiene intactas las costumbres, la fe y los valores que heredó de su familia. En diálogo con Nuevo Diario, recordó que fue su madre, Pichona Santillán, quien lo acercó desde muy pequeño a la fe en el Señor de los Milagros de Mailín y al tiempo se sumó a la tradicional peregrinación, una costumbre que con el tiempo se transformó en una promesa de vida.

"Mi mamá siempre nos llevaba a Mailín a mí y a mis hermanos. Después empecé a peregrinar con un grupo de amigos de la calle 5 del barrio Almirante Brown. Siempre vamos en bicicleta días antes y entrenamos para poder llegar", contó emocionado. Cada regreso a Santiago tiene un significado especial para Ramón. Además de reencontrarse con sus amigos y renovar su promesa, vuelve para abrazar a su madre y compartir momentos con sus hermanos César, Ramona y Marcelo, quienes lo esperan cada año con la misma emoción y ansiedad.

Según contó, apenas confirma la fecha de su llegada, en la casa familiar comienzan los preparativos para recibirlo con las comidas tradicionales santiagueñas que más extraña durante el año en Rosario. Empanadas caseras, locro, tortillas al rescoldo, asado y guisos criollos forman parte de esos encuentros familiares que para Ramón representan uno de los momentos más esperados de sus vacaciones. "Uno puede irse lejos, pero nunca deja de extrañar la mesa familiar, las costumbres y el cariño de la madre. Eso no cambia nunca", expresó con nostalgia.

Lee también: San La Muerte y el espejo de una sociedad que debe aprender a convivir

Con el paso de los años, el grupo de amigos peregrinos se consolidó bajo el nombre de "Los Dragones del Almirante", unidos no solo por la fe sino también por una amistad que se mantiene intacta pese al tiempo y la distancia. Ramón es uno de los integrantes más esperados por sus compañeros, quienes aguardan su llegada desde Rosario para volver a compartir entrenamientos, charlas y el camino hacia Mailín. La preparación para la travesía comienza semanas antes. Entrenan, organizan recorridos y preparan todo lo necesario para llegar a Mailín en bicicleta. "Llevamos lo justo y necesario. Lo importante es llegar y cumplir", explicó.

"Los Dragones del Almirante", unidos por la fe y la amistad.
La devoción al Señor de los Milagros de Mailín acompaña a Ramón desde hace años y asegura que nunca dejó de sentir su protección. "Empecé a peregrinar porque siempre me cuida, cuida de mi familia, me dio salud y trabajo. Gracias a él no me falta el pan de cada día", sostuvo. Lejos de considerar el viaje como un esfuerzo, asegura que cada kilómetro recorrido tiene otro sentido. "No es un sacrificio porque se hace con amor", afirmó.

Para la peregrinación a Mailín suelen ser seis los integrantes del grupo, aunque cuando viajan a Catamarca el número aumenta y llegan a reunirse hasta catorce amigos. Todos coinciden en algo: las vueltas de "Ramonsito" al barrio son mucho más que una visita. Son el regreso de alguien que, aunque vive lejos, nunca dejó de pertenecer al Almirante Brown, a su gente y a sus tradiciones.

Te puede interesar: Siglo XX, el barrio que creció con las historias de su gente y con el tiempo

Seguí a Nuevo Diario Web en google news
Comentarios

Te puede interesar

Teclas de acceso