La muerte de Paulino no es una noticia más para Santiago del Estero. Con su partida, la ciudad pierde a uno de esos personajes que, sin proponérselo, terminan formando parte de la identidad de un pueblo.
Durante años fue una presencia habitual en el centro capitalino. Su andar lento, su figura inconfundible y su recorrido diario por las calles más transitadas hicieron que miles de santiagueños lo conocieran, aunque pocos supieran realmente quién era, dónde vivía o cuál era su historia.
Muchos lo recuerdan pidiendo una moneda, otros compartiendo una charla ocasional, un café caliente o simplemente una sonrisa. Paulino parecía estar siempre allí, como una postal permanente de la ciudad.
El hombre que todos conocían y pocos sabían quién era
Con el paso de las décadas, Paulino se transformó en una de esas figuras que parecían formar parte del paisaje urbano santiagueño. Todos lo habían visto alguna vez caminar por el centro, pedir una ayuda o detenerse en algún bar, pero muy pocos conocían realmente su historia.
Hace algunos años, el escritor Omar "Sapo Estanciero" retrató su figura en un texto titulado Personajes Callejeros. Allí lo describió como "un eterno personaje de las calles céntricas de Santiago" y reflexionó sobre una realidad que acompañó gran parte de su vida.
"Nadie conoce dónde vive, cómo es su nombre real, si come, si tiene hijos. Creo que a la sociedad poco y nada le interesa de su vida. Perdura en el tiempo a pesar de que la vida le fue esquiva", escribió.
En ese mismo relato, también destacaba una característica que quienes lo trataron recuerdan hasta hoy: su nobleza.
"No ofende a nadie, ni aun cuando se le niega una limosna. Él sigue deambulando", señalaba el texto.
La publicación también dejaba una reflexión que hoy, tras su partida, vuelve a cobrar vigencia.
"Son postales de la ciudad, pero no pueden morir indigentes y postergados", advertía su autor al referirse a Paulino y a otros personajes populares que durante años formaron parte de la vida cotidiana santiagueña.
Una anécdota que quedó en la memoria de generaciones
Entre las historias que ayudaron a construir el personaje aparece una ocurrida en el desaparecido Trust Pastelero, recordada por viejos habitués del centro.
Según relata una publicación de Nuevo Diario de julio de 2003, un empleado de la confitería observaba distraídamente la televisión mientras un lomito recién servido esperaba ser entregado.
Fue entonces cuando Paulino, que regresaba del baño, vio el sándwich y aprovechó la ocasión.
"Comenzó a comerlo, primero un mordisco, después otro y por último se llevó el resto. Todos los muchachos que eran habitués del bar se habían dado cuenta pero no dijeron nada. Se unieron en solidaridad y complicidad", recuerda la anécdota.
Cuando finalmente advirtieron lo ocurrido, Paulino ya se había perdido entre la gente.
"Por fin carne", concluye el relato con una mezcla de humor y ternura que todavía hoy provoca sonrisas.
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El personaje que inspiró versos y canciones
La huella que dejó en Santiago fue tan profunda que incluso inspiró expresiones artísticas.
Miguel Brevetta Rodríguez le dedicó el poema Paulino, que más tarde fue llevado al chamamé por Tomás Lescano e interpretado por Pedro Navarrete.
"Nadie te nombra, pero todos te conocen, son muchos años los que te vieron pasar", dice uno de sus versos más recordados.
La canción también refleja la soledad y las dificultades que acompañaron gran parte de su vida:
"Paulino niño andariego, vas recorriendo la inmensidad de tu destino, tu adversidad. Paulino niño, la soledad no tiene nombre en la pobreza del que tiene la ternura que no te dan".
Quizás ninguna estrofa resume mejor lo que representó para los santiagueños que aquella que afirma:
"Sos el espejo de esta dura realidad".
Porque Paulino fue mucho más que un personaje callejero. Fue una presencia constante, una historia viva que caminó durante años las calles de Santiago y que, desde este viernes, pasa definitivamente a formar parte de la memoria colectiva de toda una ciudad.
El día que Paulino y Coo el Guarachero le pusieron música a una mañana santiagueña
Un encuentro espontáneo entre dos personajes muy queridos de la ciudad quedó registrado en un video que hoy vuelve a emocionar a quienes recuerdan a Paulino.
Entre las imágenes que quedaron guardadas en la memoria de los santiagueños aparece una escena especial. Una de esas mañanas frescas en pleno centro de la ciudad reunió a dos figuras muy queridas por la gente: Paulino y Coo el Guarachero.
En medio del movimiento habitual de las calles céntricas, ambos compartieron un momento cargado de alegría e improvisación. Allí interpretaron algunas líneas de guaracha, despertando sonrisas entre quienes pasaban por el lugar y aportando color a una jornada cualquiera que terminó convirtiéndose en un recuerdo imborrable.
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Hoy, tras conocerse su fallecimiento, esas imágenes vuelven a cobrar valor. Son pequeños fragmentos de una historia mucho más grande: la de un hombre que, sin buscar reconocimiento, terminó ganándose un lugar permanente en la memoria afectiva de los santiagueños.
Porque algunos personajes no aparecen en los libros de historia, pero quedan para siempre en la memoria de la gente. Paulino fue uno de ellos.
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