Se llevó a cabo un Retiro Vocacional en la casa de las Hermanas de la Cruz de Monte Quemado, una experiencia espiritual que convocó a jóvenes y adultos de las dos parroquias de la ciudad con el propósito de profundizar en el llamado de Dios y fortalecer su camino de fe.
La jornada estuvo inspirada en el lema "Habla, Señor, que tu servidor escucha", una invitación a abrir el corazón y disponerse a escuchar la voz de Dios en medio de la vida cotidiana.
A lo largo del encuentro, los participantes compartieron momentos de oración, reflexión, silencio y fraternidad, en un clima de profunda espiritualidad.
A través de la lectura y meditación de la Palabra de Dios, así como de espacios de diálogo y oración personal y comunitaria, los asistentes fueron animados a descubrir y profundizar el proyecto que el Señor tiene para cada uno.
El retiro permitió reflexionar sobre las distintas formas de vivir la vocación cristiana y la importancia de responder con generosidad al llamado de Dios.
Los organizadores destacaron que toda vocación nace de una escucha atenta y confiada, y que Dios continúa llamando hoy a hombres y mujeres para servir en la Iglesia y en la sociedad desde diferentes estados de vida. En ese sentido, se alentó a los participantes a discernir su misión y a comprometerse con la construcción del Reino de Dios desde sus propios ámbitos.
Durante la jornada también se elevó una oración especial por las vocaciones sacerdotales, religiosas y laicales, pidiendo al Señor que continúe suscitando nuevos servidores para la evangelización y el servicio a las comunidades.
Los participantes agradecieron la cálida acogida brindada por las Hermanas de la Cruz, quienes abrieron las puertas de su casa para hacer posible este espacio de encuentro y crecimiento espiritual. Asimismo, se reconoció el trabajo de todos aquellos que colaboraron en la organización de la actividad.
El retiro concluyó con un mensaje de esperanza y compromiso, alentando a los presentes a seguir escuchando la voz de Dios y a responder con fe y generosidad a su llamado, renovando cada día las palabras del joven Samuel: "Habla, Señor, que tu servidor escucha".