Ante la apertura de compuertas en el dique El Tunal y el aumento del caudal proveniente del río Juramento (que nace en Salta), el Estado santiagueño ha reaccionado con una movilización de recursos sin precedentes. Siguiendo las directivas del gobernador Elías Suárez y el jefe de Gabinete Víctor Araujo, se ha consolidado un frente de trabajo que prioriza la seguridad y la salud pública en el interior, asistiendo a las localidades donde el agua ha comenzado a ganar terreno.
La situación es dinámica y compleja: en parajes como Esteco, el desborde ha obligado a alojar familias en la escuela local, mientras que en Chañar Pozo se procedió al corte estratégico de la Ruta 2 para permitir que el agua escurra hacia zonas deshabitadas y así descomprimir la presión sobre los hogares.
Articulación técnica y asistencia directa
El operativo integra áreas clave para una respuesta eficiente, entendiendo que la salud social del interior depende de una acción coordinada y rápida:
Infraestructura y vialidad: Se han dispuesto retroexcavadoras para levantar y reforzar bordos de contención que cedieron ante las lloviznas, trabajando en conjunto con las comisiones municipales de Boquerón, Villa Omar y Quebracho Coto. Estas defensas son vitales para desviar el flujo y proteger los cascos urbanos.
Desarrollo social: Bajo la gestión del ministro Hugo Nicolai, camiones con alimentos, agua mineral, repelentes y elementos de primera necesidad llegan desde Nueva Esperanza y otros puntos estratégicos para asistir a los damnificados, garantizando que el aislamiento geográfico no se traduzca en desabastecimiento.
Cuidado sanitario: El Ministerio de Salud despliega a sus agentes sanitarios en territorio para realizar un control permanente de las familias, garantizando medicamentos y prevención en zonas de inundación.
Un despliegue que desafía a la naturaleza
La labor en el territorio no se detiene ante las inclemencias climáticas. En zonas como El Arenal y Santo Domingo, los equipos de Vialidad trabajan bajo lloviznas persistentes para apuntalar los bordos de tierra que sufren la erosión del agua con fuerza. La llegada de maquinaria pesada ha sido el factor determinante para evitar que parajes enteros quedaran sumergidos bajo el lodo.
El Servicio de Telesalud y las comunicaciones por radiofrecuencia están siendo fundamentales para mantener conectados a los parajes aislados con los centros de salud de mayor complejidad.
"Seguimos presentes en territorio" es la consigna de los equipos que, a pesar de las dificultades logísticas, aseguran que la ayuda llegue a cada santiagueño afectado.
La Iglesia y la comunidad se unen en un abrazo fraterno por el Salado Norte
En los momentos más difíciles, la fe se transforma en acción concreta. Las comunidades eclesiales del norte santiagueño han activado un operativo de emergencia para acompañar a nuestros hermanos de los departamentos Copo, Pellegrini y Alberdi. En una muestra de salud social y solidaridad profunda, sacerdotes, religiosas y laicos trabajan codo a codo con Defensa Civil y los municipios para ser "presencia fraterna" allí donde el camino se vuelve intransitable.
Desde el Santuario de la Virgen de Huachana, se eleva una oración que se traduce en manos que ayudan: limpieza de canales, armado de defensas y la entrega de ropa y colchones para quienes han perdido parte de su hogar bajo el agua.
Solidaridad que no conoce distancias
La respuesta de la comunidad ha sido inmediata y conmovedora, demostrando que en el interior santiagueño nadie camina solo:
- Misión en terreno: Las parroquias locales se han convertido en centros de recepción y distribución, asegurando que la ayuda llegue a los parajes más remotos como Campo Grande y Santo Domingo.
- Acción de Cáritas: La organización coordina la logística de donaciones de pañales, leche y mercadería, trabajando de manera articulada con los centros de salud locales para priorizar a niños y ancianos.
- Acompañamiento espiritual: Más allá de lo material, la Iglesia destaca la importancia de permanecer cercanos a los más necesitados, brindando consuelo y fortaleza a las familias que hoy enfrentan la incertidumbre de la inundación.
El Evangelio del barro, donde se necesita
Esta misión no se detiene ante el agua. Los equipos parroquiales, con el pantalón arremangado y la fe como motor, se han adentrado en zonas de difícil acceso para visitar a las familias que han quedado cercadas por los desbordes. Allí, donde la soledad del monte se vuelve más pesada por la crecida, la llegada de una palabra de aliento y un plato de comida caliente representa un alivio vital para la salud emocional de los pobladores.
La articulación con los centros de salud es clave: mientras el Estado aporta la medicina y la técnica, la red eclesial aporta el conocimiento del territorio y el vínculo de confianza con el vecino.
"Pedimos a nuestra Madre de Huachana que proteja a estas familias", reza el mensaje de los pastores locales, quienes invitan a toda la provincia a tender una mano solidaria y a mantener encendida la llama de la esperanza hasta que el agua finalmente retroceda.