Un día como hoy (22 de agosto), pero de 1972, 19 presos políticos que intentaron fugarse de la cárcel de Rawson, Chubut, fueron fusilados en la Base Aeronaval Almirante Zar (Trelew).
Ana María Villarreal, nacida en Salta pero santiagueña por adopción, fue una de las víctimas. Ana María, militante del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), estaba en pareja con Mario Roberto Santucho, santiagueño y líder del PRT que logró escapar a Chile.
"Mis abuelos son quienes me movilizan en todo lo que hago", aseguró Mario Roberto Sougarret Santucho, nieto de "Sayo" y "Roby", en comunicación con Nuevo Diario.
Mario (42) nació y se crió en Cuba debido a que Ana Cristina, su madre, se exilió allí tras el asesinato de sus padres. Asimismo, se mudó a la "Madre de Ciudades" en 2012. Actualmente, trabaja en el Instituto Espacio de la Memoria de Santiago del Estero, donde se ocupa de reconstruir las historias de los desaparecidos de nuestra provincia.
"Nací en Cuba porque mi madre tuvo que huir de la dictadura de Argentina y la familia de mi padre de la dictadura de Chile. Crecí con esa historia a mi alrededor (en referencia a la masacre de Trelew), con la memoria de mis abuelos latiendo en casa aunque no los haya conocido. Ellos son parte de mi identidad, de lo que soy. Su ejemplo me marcó el camino: me enseñaron a mirar la historia desde la dignidad de sus luchas y me dejaron un orgullo profundo que me acompaña en cada paso. Hablar de ellos no es solo recordar, es reafirmar quién soy y por qué sigo comprometido con la memoria, la verdad y la justicia", ratificó.
De acuerdo con Mario, "este día siempre es movilizante". "Cuando vine a Santiago y me incorporé al movimiento de derechos humanos, lo primero que hice fue reconstruir mi historia familiar. Fue enfrentarme, de una vez por todas, a lo que había pasado. Durante años no me animé a leer en detalle lo ocurrido en Trelew porque me dolía demasiado. Sabía de la fuga del 15 de agosto, pero no me había permitido mirar de frente lo que pasó el 22. Ese silencio fue una forma de protección. Superado el dolor, después de leer 'La pasión según Trelew', de Tomás Eloy Martínez, y 'La patria fusilada', de Paco Urondo, entendí que mi lugar era trabajando en los juicios y ayudando a los compañeros a reconstruir su verdad y su memoria y a pelear por justicia", relató.
El investigador, a pesar de no haber conocido a "Sayo" y "Roby", afirmó que "por lo que hicieron en sus vidas me enseñaron mucho". "Es como si día a día me estuvieran hablando y mostrando qué hacer para ser mejor", retribuyó.
En rigor, Ana María fue detenida en una ocasión por haber robado un camión de La Serenísima. Su propósito era llevar la leche a una villa para repartirla entre aquellos con escasos recursos.
"Fueron personas que dieron sus vidas por sus ideales, los cuales los llevaron al máximo. No eran personalistas: querían cambiar el mundo para todos. Dejaron enseñanzas que marcaron a toda una generación", consideró.
Vale mencionar que "Sayo" fue el 19 de julio pasado homenajeada en la Marcha de los Bombos. La nombraron "Warmi sinchi" (mujer fuerte).
"Esto demuestra que han dejado marcadas un montón de vidas. Hasta el día de hoy, sigue doliendo hablar sobre el tema. Los desaparecidos son una cicatriz que todos los familiares tenemos y llevamos. Sabemos que mi abuelo murió (19 de julio de 1976), porque salió en el diario, pero nunca nos entregaron su cuerpo", agregó.
Sobre los discursos negacionistas, el entrevistado advirtió: "Todavía hay sectores que intentan negar o relativizar los crímenes de la dictadura. Dicen que fue todo mentira, cuando hay más de mil sentencias judiciales que reconocen el terrorismo de Estado, cuando hay pruebas materiales, documentos oficiales, testimonios de sobrevivientes y hasta confesiones de los propios represores. Niegan incluso cuando todavía hay más de 300 nietos y nietas que no conocen su identidad, apropiados como parte de un plan sistemático que nadie puede desconocer. Quieren hacer pasar esos crímenes como si fueran una opinión discutible, pero no lo son. Son crímenes de lesa humanidad: imprescriptibles, probados y condenados en Argentina y en el mundo. Negar o relativizar esos crímenes no es una postura política, es una ofensa a las víctimas, un insulto a los sobrevivientes y un intento de justificar el terrorismo de Estado. Y eso, como sociedad, no lo podemos permitir nunca más".
Mario, que visitó Trelew pero no se animó a recorrer la Base Aeronaval, señaló que la masacre "fue una punta de lanza para los militares", es decir, "un ensayo de lo que vendría después". "Es algo que no puede volver a repetirse. Ni eso ni todas las atrocidades de la dictadura. Tenemos la obligación de reivindicar a quienes dejaron su vida soñando un país más justo", concluyó.
¿Qué pasó el 22 de agosto de 1972?
El 15 de agosto de 1972, durante la dictadura encabezada por Alejandro Lanusse, 25 presos políticos se fugaron del penal de máxima seguridad de Rawson y recorrieron 21 kilómetros hasta llegar al viejo aeropuerto de Trelew.
El objetivo era refugiarse en Chile, pero solo seis lograron viajar al país limítrofe. El resto del grupo no alcanzó a abordar el avión y se entregó a las autoridades militares, bajo la condición de que los retornaran al penal y que se garantizara la seguridad de los presos. Sin embargo, en lugar de llevarlos a Rawson, los trasladaron a la Base Aeronaval Almirante Zar. En la madrugada del 22 de agosto, la guardia los obligó a salir de sus celdas y fueron asesinados.
Los fusilados fueron: Carlos Astudillo (santiagueño), Rubén Bonnet, Eduardo Capello, Mario Delfino, Alfredo Kohon, Susana Lesgart, José Mena, Clarisa Lea Place, Miguel Ángel Polti, Mariano Pujadas, Carlos del Rey, María Sabelli, Humberto Suárez, Humberto Toschi, Alejandro Ulla y Ana Villarreal.
Tres de los prisioneros lograron sobrevivir, pero luego del golpe de 1976 fueron secuestrados y aún continúan desaparecidos: Alberto Camps, María Berger y Ricardo Haidar.