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La Provincia Prevención y seguridad

"Los estudiantes están expuestos a dinámicas digitales peligrosas"

Una reflexión por parte de la licenciada en Psicopedagogía, Patricia Núñez.

Días atrás, varios colegios públicos y privados en Santiago del Estero, fueron el escenario de operativos de seguridad y monitoreo por parte de los Ministerios de Educación y Seguridad de la provincia, debido a pintadas con mensajes de amenazas de tiroteos que aparecieron en los baños. Enmarcadas, según docentes, autoridades y algunos alumnos, en un peligroso reto viral proveniente de redes sociales. Sobre esta situación, que se ha replicado en otras provincias debido al alcance de las plataformas digitales y este tipo de desafíos virtuales, se hace imprescindible tener la reflexión de diferentes profesionales.

Por ello, la licenciada en Psicopedagogía, Patricia Núñez brindó su mirada al respecto. Primeramente, al hacer referencia a cómo ve lo que ha sucedido en los establecimientos educativos y este “reto viral”, dijo: “Lo que está ocurriendo no debe leerse como un hecho aislado ni como una simple “broma adolescente”. Es un fenómeno social complejo, donde intervienen las redes sociales, la necesidad de pertenencia y, en muchos casos, dificultades en la regulación emocional y en el juicio crítico de los jóvenes”.

“Estas conductas responden a lo que llamamos efecto contagio: un comportamiento que se replica rápidamente sin que medie una reflexión sobre sus consecuencias. El problema es que, aunque no haya intención real de daño en todos los casos, el impacto es profundamente desestabilizador para la comunidad educativa. Lo que hoy vemos es una señal de alerta: los estudiantes están expuestos a dinámicas digitales que amplifican conductas de riesgo y que las instituciones todavía están aprendiendo a abordar”, agregó.

 

Abordaje integral

Asimismo, sobre el abordaje que deben hacer las instituciones, los equipos interdisciplinarios y los docentes sobre este tipo de situaciones, sostuvo que debe “ser integral, no exclusivamente punitivo. Actuar solo desde la sanción es insuficiente y, muchas veces, contraproducente.

“Las instituciones deben: activar protocolos claros de actuación para garantizar la seguridad; evitar la minimización del hecho, pero también el sobredimensionamiento alarmista; generar espacios de diálogo con los estudiantes, donde se trabajo el sentido de estas conductas y sus consecuencias reales”, remarcó la profesional.

También, dijo que los equipos interdisciplinarios tienen un rol clave en:

-Evaluar la intencionalidad y el contexto de cada situación.

-Trabajar sobre habilidades socioemocionales, especialmente el control inhibitorio, la empatía y la toma de decisiones.

-Acompañar a los estudiantes involucrados, no solo desde la sanción sino desde la comprensión y la intervención.

Los docentes, por su parte, necesitan herramientas para:

-Sostener la calma en el aula.

-Abrir espacios de conversación sin reforzar el miedo.

-Detectar señales de malestar en los estudiantes.

 

Alcance y consecuencias

Seguidamente, también subrayó que esto corresponde absolutamente al alcance que tienen hoy las redes sociales en retos de este tipo, y más en las escuelas. “La escuela ya no es un espacio aislado: lo que circula en redes sociales ingresa directamente al aula. Las redes amplifican, aceleran y, muchas veces, distorsionan las conductas. Negar este impacto sería desconocer el contexto en el que hoy crecen niños y adolescentes.

“Como comunidad, el desafío es construir una respuesta colectiva: Las familias deben involucrarse activamente en el uso que hacen sus hijos de las redes. Las escuelas deben incorporar la educación digital y emocional como contenidos centrales, no accesorios. Es fundamental promover una cultura del cuidado, donde el otro no sea objeto de burla o amenaza. Esto no se resuelve solo desde la escuela: requiere corresponsabilidad social”, agregó.

 

Aprendizaje y vínculos

Por último, en referencia al impacto que tiene esta situación en el aprendizaje y en los vínculos, planteó: “El impacto es directo y significativo. En términos de aprendizaje: aumenta la ansiedad y el estado de alerta; disminuye la capacidad de concentración; se interrumpe la continuidad pedagógica; un estudiante que se siente en riesgo no está disponible para aprender”.

“En cuanto a los vínculos: se deteriora la confianza entre pares; se generan climas de sospecha e incertidumbre; se tensiona la relación con los docentes, que también se ven atravesados por la preocupación; si estas situaciones no se abordan adecuadamente, el daño no es solo momentáneo: afecta el clima institucional y las condiciones necesarias para enseñar y aprender. Este fenómeno interpela a la escuela en un punto clave: ya no alcanza con enseñar contenidos. Hoy es imprescindible formar en convivencia, en pensamiento crítico y en el uso responsable de lo digital. La respuesta no debe ser el miedo, sino una intervención firme, cuidada y sostenida en el tiempo”, añadió.

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