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La Provincia Salud y Bienestar

Nutrición real: Cómo construir una alimentación equilibrada sin mitos

Frente a la proliferación de "dietas milagro" y soluciones mágicas, la evidencia científica rescata el valor de lo simple y de los cuidados. Brindó su mirada la Lic. Luz Gerez Carabajal

En la era de la sobreinformación, la alimentación se ha convertido en un campo de batalla lleno de conceptos erróneos. Uno de los mitos más resistentes es la idea de que "para bajar de peso hay que dejar de comer". La realidad dicta lo contrario: el foco no debe estar en la restricción extrema, sino en lograr un equilibrio nutricional.

De igual manera, los carbohidratos han sido injustamente demonizados; lejos de ser enemigos, son la fuente fundamental de energía para el organismo, especialmente en personas activas.

La clave, como en casi todo, reside en la calidad y la cantidad, no en la eliminación. Sobre esto, algunas recomendaciones y cuidados a tener en cuenta para llevar adelante una alimentación equilibrada, sin "cuentos" ni complicaciones, la licenciada en nutrición, Luz Gerez Carabajal, explicó varios puntos e indicadores a tener en cuenta. Y entenderlos en el proceso cotidiano de cada persona.

La búsqueda de inmediatez suele llevarnos a creer en alimentos "milagro" o dietas relámpago. Sin embargo, la experiencia clínica demuestra que solo los cambios sostenibles en el tiempo generan resultados duraderos. Además, existe la falsa percepción de que comer saludable es caro o complejo. Una dieta equilibrada puede ser accesible y simple, adaptándose a la realidad económica y los tiempos de cada persona si se priorizan los alimentos reales y mínimamente procesados.

 

Prioridades

Para quienes buscan mejorar su relación con la comida, establecer prioridades es fundamental. El primer paso es asegurar la variedad: incluir de forma regular verduras, frutas, proteínas de calidad, legumbres, cereales integrales y grasas saludables. Esto debe ir acompañado de una hidratación adecuada y, fundamentalmente, del respeto por las señales biológicas de hambre y saciedad, adaptando la ingesta a la etapa de vida y al nivel de actividad física.

En cuanto a los horarios, si bien no existe una "hora mágica" universal para comer, mantener cierta organización ayuda a regular el apetito y evitar excesos. Lo ideal es que la distribución de las comidas se adapte al estilo de vida individual, evitando ayunos prolongados no planificados que suelen derivar en decisiones impulsivas y poco saludables al final del día. La calidad de lo que se consume siempre será más determinante que el reloj.

 

Pasos simples: comenzar hoy

No es necesario realizar giros drásticos de un día para el otro; la constancia vence a la perfección. Acciones sencillas como incorporar más verduras en cada plato, mejorar la calidad nutricional del desayuno, aumentar el consumo de agua y organizar mínimamente la semana para evitar el "delivery de emergencia" son pilares del cambio.

Finalmente, entender que cada cuerpo es un universo distinto es vital. Buscar acompañamiento profesional permite personalizar estas pautas generales a necesidades específicas. Una buena alimentación no debe entenderse como una meta temporal con fecha de vencimiento, sino como un hábito sólido que se construye día tras día.

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