El hábito de aplazar las responsabilidades, se da más frecuentemente de lo que se cree. Incluso hay muchas personas que no saben que existe tal definición, para la tendencia a posponer las cosas. Y es un enemigo silencioso en el proceso de estudio de adolescentes y jóvenes, donde la inmediatez de todo se mezcla con la tendencia a dejar para después lo que puedes hacer ahora. Eso, en el escenario actual del mundo digital, tiene un peso determinante principalmente en los procesos de aprendizaje, y sobre ello es interesante analizar de qué manera influye en los mecanismos de apropiación de conocimiento.
Para ello, al ser consultada sobre el impacto de la “procrastinación” en los jóvenes, la licenciada en psicopedagogía Patricia Núñez, dijo: “La procrastinación se ha vuelto un hecho muy frecuente entre adolescentes y jóvenes. No se trata simplemente de ´pereza´, como muchas veces se cree, sino de una dificultad para gestionar el tiempo, la atención y la motivación. En la adolescencia, el cerebro todavía está desarrollando funciones ejecutivas claves, como la planificación, la organización y el control de impulsos, lo que hace más fácil caer en la postergación”.
A su vez, explicó que en Argentina, diversos relevamientos educativos y universitarios muestran que una gran proporción de estudiantes reconoce que posterga tareas escolares o de estudio. “Esto tiene relación también con el contexto digital: los jóvenes están expuestos a estímulos constantes —redes sociales, videojuegos, plataformas de video— que compiten directamente con el tiempo de estudio”, remarcó. Y en el mismo sentido, analizó: “El problema es que cuando la procrastinación se vuelve crónica puede generar condiciones de estrés, de bajo rendimiento académico y de sensación de frustración. Muchos adolescentes terminan estudiando a último momento o entregando trabajos incompletos, lo que afecta su autoestima académica para luego sentirse literalmente ´quemados´”.
El desafío de la enseñanza
En otro tramo, la profesional subrayó que “el gran desafío es enseñar a aprender en un mundo lleno de información y distracciones. Los jóvenes hoy tienen acceso inmediato a enormes cantidades de contenidos, pero eso no significa que necesariamente desarrollen habilidades para comprender, analizar o reflexionar sobre esa información”.
“En Argentina, las evaluaciones educativas nacionales e internacionales muestran que una proporción importante de estudiantes tiene dificultades en comprensión lectora y resolución de problemas. Esto no se explica solo por la tecnología y el uso que de ella se hace, sino también por la necesidad de actualizar las formas de enseñar, por parte de docentes y escuela”, sostuvo.
Siguiendo el concepto, Núñez enfatizó en que “el aula actual necesita trabajar más sobre pensamiento crítico, organización del estudio, manejo del tiempo y autonomía para aprender. La tecnología puede ser una gran aliada, pero solo si se integra de manera pedagógica. Si no hay una guía clara, termina siendo un factor más de dispersión. En mi opinión, el desafío no es competir con la tecnología, sino educar a los jóvenes para usarla de manera inteligente y consciente”.
Uso de celulares
En algunas escuelas de nivel secundario de Argentina, se está prohibiendo el uso de celulares en el aula o incluso, el ingreso al establecimiento con los mismos por parte de los alumnos. Sobre ello, indicó: “Es un tema que genera mucho debate y controversia. En varios países y también en algunas jurisdicciones de Argentina se están aplicando restricciones al uso del celular en la escuela, especialmente durante las clases”.
“Desde mi perspectiva, la prohibición absoluta no siempre es la mejor solución, pero sí es necesario regular su uso. El celular puede convertirse en una herramienta educativa —para investigar, leer, resolver actividades o acceder a materiales—, pero también puede ser una fuente constante de distracción. En muchas escuelas, el problema no es el dispositivo en sí, sino la falta de normas claras sobre cuándo y cómo utilizarlo. Cuando el celular está permanentemente disponible, la atención se fragmenta y se dificulta sostener la concentración. Por eso, más que prohibir completamente, considero que el desafío es establecer acuerdos pedagógicos y enseñar a los estudiantes a gestionar su atención, algo que será fundamental para su vida adulta”, propuso.
Habilidades
En última instancia, sobre cómo enfrentar o sobrellevar la “procrastinación”, Núñez dijo: “Combatir la procrastinación requiere trabajar varias habilidades. En primer lugar, es importante enseñar a los adolescentes estrategias de organización y planificación del estudio: dividir las tareas grandes en pasos pequeños, establecer tiempos de trabajo y descanso, y fijar objetivos concretos. También es clave fortalecer las funciones ejecutivas, como la capacidad de iniciar una tarea, mantener la atención y controlar las distracciones. Estas habilidades no se desarrollan solas: necesitan ser enseñadas y acompañadas tanto en la escuela como en la familia”.
“Otro aspecto fundamental es el sentido del aprendizaje. Cuando los estudiantes no encuentran significado en lo que estudian, es más probable que lo posterguen. Por eso las propuestas educativas deben conectar más con la vida real, los intereses y los proyectos de los jóvenes. Finalmente, creo que es importante comprender que la procrastinación muchas veces es una señal de algo más profundo: ansiedad, miedo al error o falta de confianza, también ausencia de hábitos y habilidades. Si logramos acompañar a los adolescentes en estos aspectos, es mucho más probable que desarrollen hábitos de estudio más saludables”, agregó.