Sergio Maldonado presentará hoy, de 21.40 a 23, su libro: "Olvidar es imposible. Santiago, mi hermano", en el Fórum Centro de Convenciones.
En rigor, Sergio es hermano de Santiago, el joven que desapareció el 1 de agosto de 2017 en Chubut, y fue encontrado sin vida 78 días después, en la misma provincia. Aquel suceso fue enmarcado en una manifestación contra las actividades del Grupo Benetton y la posterior dispersión de Gendarmería Nacional.
El "Vikingo" habló con Nuevo Diario en la Feria del Libro sobre su obra; su hermano; la sociedad; Patricia Bullrich, ministra de Seguridad de la Nación, entre otros temas.
—¿Por qué es importante tu presencia en Santiago del Estero y más en la Feria del Libro?
—La Feria es importante para difundir un montón de temáticas que no se ven diariamente. Es una manera de vincularme con la gente y poder agradecer, porque hubo manifestaciones aquí: muchos salieron a pedir la aparición con vida de Santiago.
—¿Cómo fue la recepción de tu libro?
—La mayoría de las personas me dice: 'Leer el libro significa estar dentro de mis zapatos' o 'ir acompañándome en ese recorrido'. Yo cuento de la manera en que hablo. Es una cronología, con las cosas buenas y con las cosas malas. Todo el peso que tuvieron los 78 días de búsqueda. Tiene un significado que no es el mismo que se ve en los medios. Algunas cosas parecen inofensivas y otras muy crueles, es como lo iba percibiendo.
—¿Cómo son esos zapatos?
—Muy apretados. Incómodos. Muchas veces duelen, lastiman. Y otras veces, muy cómodos. Lo que es cómodo dura muy poco, pero bueno, es ir tratando de compensar una y otra cosa. Al principio, era todo muy doloroso. Después, con la aparición del cuerpo, empezó otra etapa: el vínculo con un montón de gente que hace que esto sea más llevadero.
—Tenés un tatuaje de Santiago… ¿Cómo es llevarlo a todos lados, siendo que existe un sector de la sociedad que señala con el dedo?
—Al principio, hubo un par de situaciones… Se empezó a instalar que a mí me pagaba el Estado... Eso fue como un 'detonante' para generar algo en contra. No puedo ampliar más, sobre todo cuando se recusa un juez. Lo otro: la gente brinda mucho apoyo. Por lo general, el que está en contra no te dice nada. De hecho, el año pasado, fui a una batalla de raperos, en el Movistar Arena, y alguien, que me había estado diciendo cosas por Twitter, me tuvo enfrente y se calló. No es que yo sea malo, mida dos metros y sepa artes marciales… No. Significa que son muy cobardes a la hora de mirar cara a cara a alguien y decir algo que están repitiendo de un relato que no existe. Este libro resiste archivo. Todo lo que dice Patricia Bullrich es mentira, porque no hay algo que lo avale. Dijo que se cerró la causa, pero vengo de haberlo visto al juez en Ushuaia. En cambio, todo lo que digo en el libro está probado. No hay nada que vos digas: 'Che, esto es dudoso'.
—¿Qué opinión te merece Bullrich?
—La peor de todas. Tengo una causa de espionaje: me pincharon el teléfono. Hace unos días salió a decir que habíamos inventado un muerto. No inventamos nada: Santiago estuvo desaparecido y apareció muerto. ¡Ojalá hubiera sido un invento, Santiago estaría con vida! Esa es la perversidad de Patricia Bullrich. Lo triste es que tiene una amplia posibilidad de ser senadora.
—¿Y Santiago?
—Santiago era una persona que vivía como lo sentía. No decía una cosa y hacía otra. Una persona con 28 años que vivió de manera libre, pero no libre como te lo quieren vender La Libertad Avanza, que nos robó un montón de palabras. Santiago era anarquista. Un ser humano, ante todo, que no se merece ninguna de las deshumanizaciones que se dicen constantemente en redes sociales; sobre todo de gente escondida detrás de un teclado. Ni siquiera con la falta de empatía que tengo con Patricia Bullrich, por no decir otra cosa, le digo esas barbaridades. No le deseo la muerte; no digo nada. Pero sí le digo desquiciada.
—A propósito de los mensajes de odio, ¿qué tan presentes están en la sociedad?
—Fueron redoblando la apuesta. Pasar de: 'Los derechos humanos son un curro', a apropiarse de los colores del feminismo y al anarquismo lo transformaron en anarcocapitalismo... Lo del 'Nunca más kirchnerismo'… Es todo odio. Vinieron con un discurso que, entiendo que muchos jóvenes lo hayan comprado, pero no que gente de 50 años, que ya vivió el menemismo, lo compre, y sobre todo los jubilados. El pueblo se equivoca, pero hacete cargo de las equivocaciones.
—¿Por qué la gente debería leer tu libro, independientemente de si conocen o no la historia de Santiago?
- No se trata ni de Sergio ni de Santiago. Cuento la historia de una persona que tenía sueños, proyectos… Tanto Santiago como mi familia y yo. El libro habla sobre cómo se transformó mi vida. Santiago aparece un primero de agosto y desaparece. No se conoce un Santiago, en carne viva, en este tiempo. No es que a mí me toca por haber ido a cortar una ruta, haber ido a un reclamo Mapuche… Me toca por ser hermano, y a cualquiera le puede tocar. Es tratar de generar empatía. El que pueda leerlo va a entender cómo vivía antes; de hecho, Santiago me decía que era un capitalista burgués, y a mí me gustaba ser un capitalista burgués. Hay un montón de cosas que mucha gente puede leer y, desde ahí, generar empatía y pensar que pueden tener un hijo que se va de mochilero al sur, que le gusta andar en bicicleta… O que sale a bailar y ve algo que no tenía que ver. Ahí entra otra película, la que jamás soñó. Es meterse en los zapatos de otro.