Adriana Metz Romero, hermana del nieto 140, brindará mañana, de 17 a 18.40, la charla "300 razones para seguir buscando", en el Fórum Centro de Convenciones.
La hija de Graciela Romero y Raúl Metz, ambos desaparecidos el 16 de diciembre de 1976, en Cutral-Có, Neuquén, es una de las invitadas a la 15ª Feria del Libro de Santiago del Estero.
Adriana, en diálogo con Nuevo Diario, anticipó: "Voy a contar, por un lado, la búsqueda de los nietos que nos faltan encontrar, y por otro, la buena noticia: soy la hermana del último nieto encontrado, el nieto 140".
Asimismo, la nacida en Bahía Blanca y criada por Elisa y Oscar, sus abuelos paternos, advirtió que va a "remitir el mensaje esperanzador", puesto que "la búsqueda y la alegría son colectivas".
"Mi mamá fue secuestrada con un embarazo de cinco meses. Mi familia sabía que tenía que buscar a Graciela, a Raúl y a ese bebé que estaba por nacer. Ellos, para tratar de resguardarse de la dictadura cívico-militar, viajaron a Cutral-Có con la intención de establecerse y seguir militando", relató.
En rigor, Graciela y Raúl militaban en el Partido Revolucionario de los Trabajadores y en el Ejército Revolucionario del Pueblo. Tenían 24 y 23 años, respectivamente, mientras que Adriana un año y un mes al momento del secuestro. Por testimonios de sobrevivientes, se supo que ambos permanecieron detenidos en el centro clandestino "La Escuelita", de Neuquén, y "La Escuelita", de Bahía Blanca.
"Esa búsqueda, que empezó el 16 de diciembre de 1976, culminó con el encuentro de mi hermano el pasado 5 de julio, para mí, y 7 de julio, para la sociedad, cuando se anunció, en conferencia de prensa, la recuperación de un nuevo nieto por parte de las Abuelas (de Plaza de Mayo). Una búsqueda de 48 años, cerró así, con una buena", destacó.
Adriana vio a su hermano en apenas tres oportunidades. Él vive en Buenos Aires y ella en Mar del Plata. "Estamos tratando de empezar esa relación de hermandad que nos fue negada por el terrorismo de Estado", aseguró.
La también integrante de la Comisión Directiva de Abuelas asistió al primer juicio por delitos de lesa humanidad que se llevó a cabo en Bahía Blanca: brindó su testimonio y "pude contar lo que viví a partir del secuestro de mis padres y qué fue de mi vida en ese tiempo de búsqueda y acercamiento a las Abuelas".
Adriana, en primera instancia, acompañó a Elisa y Oscar en la búsqueda de manera "totalmente pasiva", es decir, "no decidía qué hacer y qué no hacer". "A medida que fui creciendo y entendiendo lo que nos había pasado como familia y como sociedad, me incorporé a Abuelas para la búsqueda activa. En ese pasaje, me han contagiado: la búsqueda se hace con perseverancia y mucho amor", advirtió.
La entrevistada admitió que estos últimos meses fueron "raros" porque "se me salen las ganas de compartir cosas con mi hermano", pero "de repente digo: 'Hay que darle tiempo y espacio'". "Esto, que sé hace 48 años, él se está enterando ahora. Hay muchas cosas por acomodar. Historias de familias numerosas que una las quiere contar a todas. Paso de mis ganas de querer contarle todo a mi paciencia y espera", señaló.
Según Adriana, "las Abuelas han entendido, desde un comienzo, que el relato en primera persona conmueve y moviliza a la gente a acercarse y colaborar".
"El hecho de que ya sean 140 casos resueltos demuestra que tratar de negar lo que ocurrió durante el terrorismo de Estado es como querer tapar el sol con un dedo. No amerita mucho análisis, con respecto a lo que pienso de este Gobierno. Pasa más por una chabacanería que por querer negar cuestiones nacionales. A nadie se le ocurriría negar lo que pasó durante el nazismo del otro lado del mar… Es una barbaridad que se ponga en duda si fueron 30.000: el hecho de que haya sido una sola persona desaparecida, ya es demasiado. Querer negar lo que pasó en nuestro país es una chabacanería; un insulto constante a nuestro país", acusó.
Adriana, por último, incitó al público a presenciar la charla porque "forma parte de nuestra historia", por ende, "es algo que se tiene que conocer".