"Pido perdón a todas las personas que he ofendido ya sea de pensamiento, palabra o de obra"
(fragmento del testamento de Pierre)
El padre Pedro Fils Pierre representa la verdad de la misión sacerdotal y la lucha para que la fuerza evangelizadora llegue hasta rincones impensados. Eso movilizó su rol en Santiago del Estero, lo llevó a recorrer las periferias, los barrios más necesitados y olvidados, incluso fue capellán de cárceles, atendió y apoyó a moribundos en centros de salud. Y esa fe inalcanzable lo ubicó en una lucha que lo marcó para siempre, contra el mismo demonio en un exorcismo que luego le permitió asistir a otras personas que atravesaron situaciones similares. Fue un hombre al servicio de los demás, pero con la fe y el compromiso puestos en la palabra vívida que Dios estableció en los tiempos humanos. Eso era Pierre, y mucho más, claro.
En estos informes especiales, vamos a recorrer su vida, desde su formación como sacerdote, su gestión como tal en distintas parroquias de Santiago del Estero hasta su fallecimiento, y el legado que dejó. Hasta el momento, con los testimonios que fuimos desandando, conocimos cómo fue su llegada a la primera comunidad como sacerdote, la de Cristo Rey (en ciudad de La Banda), y cómo fue su labor allí.
Sobre ello y más detalles que nunca antes se contaron, abordaremos en esta serie de informes, con testimonios de personas que estuvieron cerca de él y que lo conocieron como nadie.
El sacerdote Pedro Fils Pierre sí que dejó una huella imborrable en Santiago del Estero, principalmente en la comunidad creyente y en la ciudad de La Banda, donde destacó su misión pastoral. A lo largo de estos informes, recorreremos momentos de su vida, de su carrera, desde las miradas y testimonios de personas que lo conocieron. Y es especialmente recordado por su labor pastoral y por encabezar un famoso exorcismo en la ciudad de La Banda en 1984.
Recapitulando
Pierre nació en Gonaïves, Haití, el 11 de febrero de 1937. Desde muy niño, demostró su inteligencia y su facilidad para el estudio y los deportes, destacándose como un gran nadador, y ya en su juventud ganó un concurso universitario de pulseadas en la isla. Hizo la Escuela Primaria en el Colegio de los Hermanos del Sagrado Corazón y en la misma ciudad, los estudios secundarios. Se graduó como ingeniero civil en la Facultad de Ingeniería de la Universidad Estatal de Puerto Príncipe.
Luego de ejercer su profesión en dependencias públicas de su país, realizó un curso de perfeccionamiento en París y se trasladó a África, donde sirvió como profesor de Matemática, Física, Topografía y Cómputos en la Escuela Normal de Profesores, en el Liceo Técnico y en la Escuela Superior de Obras Públicas de Bahamaco, República de Mali. Allí sucedería algo que marcó de manera gravitante su vida: tanto él como otro ingeniero haitiano con el que había viajado contrajeron hepatitis C. Su compañero falleció y Pierre logró recuperarse; sin embargo, los médicos le formularían un premonitorio anuncio: con los años, la enfermedad podría degenerar en cáncer.
Cumplida su labor en Sudáfrica, en 1965 llegó a la Argentina y realizó estudios de posgrado en Hidráulica Sanitaria en la Facultad de Ingeniería de la UBA (Universidad de Buenos Aires). Al año siguiente llegó a Santiago del Estero y fue designado jefe del Departamento de Estudios y Proyectos del Servicio Provincial de Agua Potable en la Corporación del Río Dulce. Esto lo llevó a estar cada vez más cerca de la gente en el interior profundo, donde pudo ver como testigo principal las necesidades más crueles de la humanidad, como la hambruna, la miseria total, las pestes y las enfermedades. Eso, lamentablemente, le era cercano porque su tierra natal sufría esas dolencias sociales. Tras radicarse en Santiago, decidió consagrarse al sacerdocio y en ello, monseñor Tato fue una figura central que lo apoyó en todo su proceso.
A su generosa entrega en el trabajo profesional por la dotación de agua a poblaciones del interior de la provincia, unió a otros servicios, el ministerio religioso fiel a la doctrina social de la Iglesia, humanizar a este mundo rodeándolo de condiciones dignas de ser vividas para divinizarlo después. En cuanto a los estudios sacerdotales, los filosóficos fueron cumplidos en la UCSE (1968-1969) y los teológicos en el Seminario Conciliar Metropolitano de San Miguel de Tucumán.
Así fue que Pedro Fils Pierre fue ordenado sacerdote el 25 de enero de 1974 por monseñor Manuel Tato en la Catedral Basílica, donde prestó sus primeros servicios. En 1979 fue designado párroco de Cristo Rey, en la ciudad de La Banda. Luego, entre 1984 y 1985, se desempeñó como rector de la UCSE.
La fuerza de la fe
“Era una persona muy comprometida con los rituales de orar y de conectar con la palabra de Dios. Eso le permitía tener una fortaleza en su fe y convicciones que las podía transmitir a todos los que estábamos cerca. Era único, y eso nos emociona aún hoy”, remarcó Elena Jozami de Sayago en el diálogo que tuvo con Nuevo Diario.
“Tenía una personalidad fuerte, carismática y era un líder que nos motivaba constantemente. Él marcaba el camino y nosotros seguíamos eso, porque sabíamos que nos llevaría a un buen puerto. Realmente era un pastor único, cuidaba de su comunidad y era un sacerdote de todos, estaba al servicio del que lo necesitara”, agregó fuertemente desde su relato Héctor “Pupo” Sayago, esposo de Elena y juntos fueron miembros claves en la Junta Parroquial que trabajaban cerca de Pierre. Principalmente en su gestión de 1979 a 1985, por seis años y un poco más.
“Trabajábamos todos muy organizados, porque cuando él nos reunió nos dijo qué teníamos que hacer cada uno y nos fuimos armando en grupos. Primero eran varios matrimonios que conformaron la Junta Parroquial, luego nos dividimos según las necesidades y las actividades. Era un hombre muy bueno, más que un sacerdote, hoy te puedo decir que fue un gran amigo”, agregó Héctor Ruiz, quien también fue parte de la Junta Parroquial y persona cercana de Pierre.
Según tales testimonios, su cercanía al catolicismo provenía de lo que le había inculcado fuertemente su madre, quien era muy creyente. Desde el otro continente, tenía ya la tendencia de que quería encomendar su vida a un destino mucho más poderoso y que pueda ayudar a quienes más lo necesiten. Eso se concretaría en su estadía en Santiago del Estero, donde se decidiría por emprender un camino en una misión sacerdotal que lo acompañó toda la mitad de su vida. Eso marcó también la vida de muchas personas, y dejó una huella profunda en la comunidad santiagueña.
En 1986 se hizo cargo de la parroquia Nuestra Señora de Lourdes para volver definitivamente a la parroquia Cristo Rey el 6 de agosto de 1987. En sus doce años dotó a La Banda de un hermoso templo y un jardín de infantes para los niños del barrio (1990). También creó una escuela primaria, transformando el salón parroquial en dos aulas.
Incluso, en su gestión como párroco, fue designado como uno de los responsables del Departamento de Comunicaciones en el Congreso Eucarístico que tuvo lugar en Santiago del Estero. A principios de los años 90. “En ese año fue un gran trabajo, donde él logró reunir cerca de 300 servidores que colaboraron y trabajaron para que ese evento salga bien. Donde nos comunicábamos a través de distintos dispositivos, coordinábamos actividades, vino mucha gente, fue un gran trabajo”, relató Ruiz.
Cerca de los desprotegidos
“Era un sacerdote universal realmente, porque estaba cerca de la gente. Cuando lo venían a buscar incluso de otras provincias, y otros lugares, él respondía y trataba de ayudar a todos. Hubo momentos donde viajaba mucho porque lo venían a buscar de varios lugares, y él atendía esos casos”, contó Sayago. Esto se multiplicó principalmente luego de haber vivido la lucha contra el mal, a través del exorcismo que tuvo que llevar adelante a una joven de Clodomira, que fue su caso más resonante en todo el país y algunos otros países. Pero hubieron otros casos, otras personas que atravesaron episodios similares y que él fue a asistirlos, solamente que no se hicieron públicos, ni tuvieron su portada en medios de comunicación.
Años antes de ser designado párroco de Cristo Rey, fue capellán de cárceles, conoció rincones oscuros de la humanidad y vivió momentos cruentos, en una época difícil para el país y para la provincia (durante el golpe militar). En octubre de 1975, incluso meses antes del histórico momento del 24 de marzo del 76, el penal de mujeres y el de varones pasan a estar bajo el control operacional de las fuerzas armadas. Y, por consiguiente, de su rama eclesial representada en la persona del capellán del ejército, el padre Carlos Marozzi, fiel representante de la ideología imperante.
El capellán del ejército había suplantado en su cargo a Pierre, que había sido capellán de las cárceles hasta ese momento, y que fue forzado a renunciar, acusado de brindar información sobre el estado de los detenidos a sus familiares (Fuente: Archivo Instituto Espacio de la Memoria de Santiago del Estero).
Según uno de los testimonios en el archivo del Instituto, indica: “Pierre nos brindaba apoyo y contención tanto a nosotros como a nuestras familias; eso duró hasta el 76, cuando sacan a Fils Pierre y traen a Marozzi, que no tenía nada que ver uno con el otro” (expresó Raúl Osvaldo Coronel). Otro de los testimonios, indicó: “Debo hacer una salvedad del buen comportamiento que tuvo el padre Fils Pierre, debo destacar la actitud de este párroco hasta que llegó Marozzi, que siempre decía: por algo están aquí'” (testimonio de Ramón Orlando Ledesma Miranda).
Pero no solo acompañaba y contenía a los delincuentes, a los desprotegidos, Pierre también asistía a los desvalidos y a los moribundos. “Muchas veces (ya siendo párroco de Cristo Rey) venían a buscarlo o lo mandaban a llamar para que contenga a enfermos en los hospitales, en centros de salud. Él iba y entraba en terapia, acompañaba a los familiares y a los pacientes, y recorría uno por uno. No muchos sacerdotes hacían eso”, contó Sayago.
“Cuando yo le decía: Padre, ¿por qué viene usted si esta no es su jurisdicción? ¿Por qué viene y hace esto, si otros sacerdotes también pueden hacerlo? Y él siempre me contestaba con una sonrisa, a veces me decía: Todos los otros curas son vagos´. O también me decía: Un sacerdote debe estar donde lo necesiten y lo requieran”, agregó Sayago en su relato.
A su vez, Elena agregó: “Era una persona íntegra, pero también con mucha empatía, con carisma. Algo que no habíamos visto en aquellos años y que no vimos por mucho tiempo. Él estaba, donde más lo necesitaban”.
Saltó a la trascendencia pública e histórica en febrero de 1984, cuando llevó a cabo un exorcismo en la parroquia Cristo Rey que conmocionó a la sociedad santiagueña y aún hoy es recordado. El padre Pierre fue reconocido por su postura cautelosa ante estos fenómenos, exigiendo siempre estudios médicos para descartar problemas nerviosos o clínicos antes de intervenir espiritualmente.
Su impacto en La Banda sigue vigente, dando nombre al Colegio Secundario Presbítero Pedro Fils Pierre, una institución educativa ubicada en la Avenida Belgrano Centro. El padre Pierre abrazó con pasión el Movimiento Católico de la Renovación Carismática. Precisamente, su carisma lo llevó por el camino de la sanación que poseen las personas que se dedican al ministerio de los enfermos. Su abnegada entrega por ayudar a los que sufren le mereció el respeto y el reconocimiento de miles de fieles.