El proceso electoral municipal de Santiago del Estero ingresó en una etapa decisiva. Con la convocatoria formalizada para el 2 de agosto, las principales fuerzas políticas comenzaron a transitar el tramo más sensible de la campaña: el cierre de alianzas, la medición fina de candidatos, la negociación territorial y la confección de listas. Ya no se trata solamente de aspiraciones personales ni de movimientos exploratorios. El calendario empezó a correr y, con él, se achicó el margen para especular.
La elección alcanzará a 25 de los 28 municipios de la provincia y también incluirá la definición de la Comisión Municipal de Donadeu. Votarán las ciudades de primera categoría —Capital, La Banda, Las Termas de Río Hondo, Frías y Añatuya—, además de municipios de segunda y tercera categoría. En las comunas más grandes se elegirán intendentes y concejales; en La Banda también estarán en juego la viceintendencia y la Defensoría del Pueblo. El dato no es menor: se trata de una elección municipal, pero con impacto político provincial.
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El oficialismo llega con la ventaja de la estructura, la territorialidad y la administración del tiempo político. En Capital, la imposibilidad de reelección de Norma Fuentes abrió un proceso interno de definiciones que todavía mantiene en expectativa a distintos sectores del Frente Cívico. Allí suenan nombres con peso institucional y recorrido propio, mientras la conducción deberá resolver si ordena la oferta detrás de una candidatura única o si permite una competencia más amplia dentro del espacio.
En ese marco, las encuestas se transformaron en una herramienta central. No sólo miden intención de voto: también ordenan conversaciones internas, frenan aventuras personales, empujan acuerdos y definen quién puede garantizar competitividad real. En una elección comunal, donde el conocimiento barrial, la imagen de gestión y la estructura territorial pesan tanto como la marca partidaria, los sondeos funcionan como brújula y como argumento de negociación.
La oposición, por su parte, enfrenta un desafío doble: construir volumen político y evitar la dispersión. En Capital, Natalia Neme aparece como la carta definida por el radicalismo, mientras otros sectores buscan acomodarse en un tablero donde La Libertad Avanza, el PRO, Despierta Santiago y espacios vecinales analizan estrategias comunes. La conversación entre libertarios y sectores de Despierta Santiago marca uno de los datos políticos de esta etapa: nadie quiere llegar dividido a una elección donde el oficialismo conserva fortaleza territorial.
La Banda aparece como uno de los distritos más cargados de tensión política. Allí confluyen el debate por la situación del actual intendente Roger Nediani, el retorno electoral de Pablo Mirolo por el Frente Renovador, la postulación de Eduardo “Chabay” Ruiz por Despierta Santiago y las definiciones pendientes de La Libertad Avanza. La segunda ciudad de la provincia puede convertirse en uno de los escenarios de mayor temperatura electoral, no sólo por los nombres en danza, sino por la densidad histórica de sus disputas políticas.
En el interior, el mapa también se mueve. Las Termas de Río Hondo, Frías, Añatuya, Fernández y Loreto ya muestran candidaturas lanzadas o en proceso avanzado de confirmación. En Las Termas se observa una fuerte competencia de nombres vinculados al oficialismo, al peronismo y a La Libertad Avanza. En Frías, el cierre de listas será clave para confirmar quiénes finalmente sostendrán sus aspiraciones. En Añatuya, la posible reelección de Julio Castro se combina con postulaciones opositoras y libertarias que buscarán discutir el poder local.
El peso de La Libertad Avanza será uno de los puntos de observación de la elección. El espacio libertario intentará convertir la marca nacional en presencia municipal, aunque la política comunal exige algo más que identidad ideológica: fiscales, candidatos conocidos, armado barrial, equipos y capacidad de sostener campaña. Por eso, las alianzas con estructuras locales o dirigentes con anclaje territorial aparecen como una vía posible para ganar competitividad.
El Frente Renovador, la UCR, el PJ, los espacios vecinales y las expresiones provinciales no oficialistas también juegan una partida delicada. Para algunos, la elección será una oportunidad de reposicionamiento; para otros, una prueba de supervivencia territorial. En varios distritos, la pregunta central no es sólo quién gana, sino quién queda instalado como referencia para la etapa política posterior.
El cronograma electoral marca el ritmo de la rosca. El 19 de junio vencerá el plazo para la presentación de alianzas y frentes. El 22 será la audiencia de control. El 29 de junio, a la medianoche, cerrará la presentación de listas de candidatos. El 2 de julio se realizará la audiencia de control de candidaturas. El 8 de julio vencerá el plazo para presentar modelos de boletas; el 14 se hará la audiencia de control de boletas y el 21 será el depósito definitivo. El 2 de agosto será la elección y el escrutinio definitivo comenzará el 4 de agosto.
Ese agotamiento de plazos explica la aceleración de las últimas horas. Lo que hasta hace poco era tanteo, ahora debe convertirse en papeles firmados, alianzas registradas y candidatos oficializados. Las encuestas seguirán pesando, pero el calendario ya empezó a imponer su propia autoridad. La política santiagueña entró en la zona donde las conversaciones dejan de ser hipótesis y pasan a tener costo electoral.
La elección comunal de 2026 no sólo renovará intendencias y concejos deliberantes. También funcionará como una radiografía del poder territorial, de la fortaleza del oficialismo, de la capacidad de reorganización opositora y del verdadero alcance municipal de las nuevas marcas políticas. En Santiago del Estero, como suele ocurrir, la disputa local será mucho más que una elección local.
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