El acceso cada vez más sencillo a préstamos otorgados por billeteras virtuales, bancos y empresas financieras generó un fuerte crecimiento del endeudamiento entre los jóvenes argentinos. Sin embargo, ese fenómeno también vino acompañado de un aumento en la cantidad de personas que tienen dificultades para cumplir con los pagos.
Según distintos estudios, cuatro de cada diez jóvenes de entre 18 y 30 años que solicitaron un crédito presentan algún nivel de mora, una cifra superior a la registrada en otros segmentos de la población.
Especialistas atribuyen esta situación a diversos factores, entre ellos el desempleo juvenil, la inflación y el hecho de que muchos acceden a su primer préstamo antes de contar con ingresos estables.
Cuando una persona deja de pagar un crédito, las consecuencias pueden ir mucho más allá de los intereses por atraso. En una primera instancia, las entidades suelen realizar llamados, enviar mensajes y emitir notificaciones para reclamar el pago. Si la deuda continúa impaga, se suman intereses punitorios y el caso puede ser derivado a empresas especializadas en cobranzas.
En situaciones de mora prolongada, el conflicto puede incluso avanzar hacia instancias judiciales y afectar seriamente el historial crediticio del deudor, dificultando el acceso a futuros préstamos, tarjetas de crédito o cualquier otra herramienta de financiamiento.
Además, quienes incumplen con sus obligaciones financieras pueden ser incorporados a registros de antecedentes crediticios, como Veraz o Nosis, donde la información puede permanecer durante varios años.
Frente a este escenario, especialistas en educación financiera recomiendan analizar detenidamente la capacidad de pago antes de solicitar un préstamo, revisar el Costo Financiero Total (CFT) y evitar asumir cuotas que comprometan una parte importante de los ingresos mensuales. Según advierten, un crédito puede ser una herramienta útil, pero sin planificación también puede convertirse en un problema económico.