Los métodos de enseñanza tradicionales en el aprendizaje de lenguas extranjeras suelen asociarse, de forma casi sistemática, a largas listas de vocabulario, repeticiones mecánicas y estructuras gramaticales rígidas. Sin embargo, en el ámbito de la pedagogía infantil, existen propuestas disruptivas que deciden romper con la impronta del aula convencional para poner en el centro las verdaderas necesidades cognitivas de los más chicos. Este es el caso de Glowish, un proyecto liderado por la educadora Carolina Muñoz, quien a través de una entrevista detalló cómo es su innovador trabajo diario con los niños y la pedagogía del inglés.
Para Muñoz, el secreto no radica en forzar al alumno a encajar en un molde preestablecido, sino en transformar el entorno para que el conocimiento emerja de forma orgánica. Al presentarse como un “laboratorio tecnológico de inglés”, este espacio no convencional busca redefinir la experiencia educativa potenciando las capacidades individuales desde la exploración y el hacer.
El “sorprendizaje” y la cultura maker en el aula
“En Glowish trabajamos con una metodología propia que combina el sorprendizaje (la fusión de sorpresa y aprendizaje), la cultura maker —o cultura del hacer— y la tecnología como herramientas esenciales para aprender”, define Carolina Muñoz al describir los pilares de su propuesta. Lejos de la estructura lineal donde los alumnos se limitan a adoptar un rol pasivo, cada encuentro está diseñado minuciosamente como una experiencia de descubrimiento.
En este laboratorio, los niños no asisten a una clase tradicional para escuchar y repetir. Por el contrario, se les presentan escenarios donde deben investigar, crear, explorar con diversos recursos tecnológicos y resolver desafíos prácticos aplicando el inglés de manera natural. De este modo, el idioma deja de ser una materia abstracta que se estudia para rendir un examen y se convierte en el medio vivo con el que interactúan, juegan y descubren el mundo que los rodea.
Comprender cómo aprende la mente infantil
Al ser consultada sobre las técnicas específicas que implementa, Muñoz destaca que el verdadero factor de cambio no reside en fórmulas mágicas, sino en la empatía y la comprensión profunda de la psicología infantil. “Más que técnicas especiales, lo verdaderamente importante es comprender cómo aprenden los niños. Ellos necesitan moverse, experimentar, sorprenderse y, sobre todo, emocionarse”, reflexiona la especialista.
“Cuando el inglés se presenta en un contexto significativo, deja de ser difícil. Lo complejo no es el idioma en sí, sino el desafío de encontrar propuestas didácticas que despierten la curiosidad genuina y les brinden la confianza necesaria para animarse a comunicarse sin miedo a equivocarse.”
— Carolina Muñoz
Bajo esta premisa, Glowish desestructura el concepto tradicional de escuela. Al derribar el miedo al error —un factor que suele inhibir el aprendizaje lingüístico—, el espacio se transforma en un territorio seguro donde la creatividad y la exploración libre actúan como los verdaderos motores del conocimiento.
Competir contra las pantallas: el desafío de la “infoxicación”
En la sociedad actual, uno de los mayores obstáculos que enfrentan los educadores y las familias es la captación de la atención infantil, constantemente bombardeada por estímulos digitales de consumo pasivo. Muñoz aborda esta problemática de frente y la integra como parte de su diagnóstico pedagógico.
“El verdadero desafío actual es ofrecer a los chicos experiencias que sean tan interesantes que los inviten a participar activamente ante tanta infoxicación (exceso de información), que muchas veces proviene del mal uso del teléfono celular”, advierte. Sin embargo, lejos de prohibir o demonizar los dispositivos tecnológicos, la propuesta de Glowish consiste en resignificarlos: “Buscamos utilizar la tecnología con sentido, ayudándoles a descubrir sus verdaderos beneficios como herramienta de creación y no de mero aislamiento”.
Los resultados de este enfoque se miden en la respuesta directa de los alumnos. Cuando un niño se involucra en una experiencia que le resulta significativa, la atención no se impone por decreto, sino que aparece de forma natural. El tiempo vuela en el laboratorio y, tal como concluye Muñoz con entusiasmo, el mayor indicador de éxito se da al final de la jornada: “El gran premio para mí es cuando me dicen: ‘Teacher, ¿ya nos tenemos que ir?’. Ese es el indicador exacto de que estuvieron conectados con todos sus sentidos en la propuesta, logrando que se vuelva una experiencia memorable de aprendizaje, que es el objetivo supremo de Glowish”.