El politólogo y docente propuso a sus alumnos de Ciencias de la Educación una experiencia inspirada en el ágora y el banquete de la Antigua Grecia para romper con los modelos tradicionales de enseñanza y reivindicar una pedagogía basada en la pregunta, el diálogo y la libertad.
En tiempos en que la educación suele medirse por respuestas correctas, calificaciones y exámenes estandarizados, el politólogo y docente Diego Ramos eligió recorrer un camino diferente. En lugar de una evaluación convencional, invitó a sus estudiantes de primer año de la carrera de Ciencias de la Educación a vivir una experiencia inspirada en una de las tradiciones más emblemáticas de la civilización griega: el banquete.
La propuesta fue mucho más que una representación histórica. Se convirtió en un ejercicio pedagógico que buscó recuperar el espíritu del ágora, ese espacio donde los ciudadanos debatían ideas, cuestionaban certezas y construían pensamiento colectivo.
“Hoy estamos representando lo que significó y sigue significando el banquete para los griegos”, explica Ramos al presentar la actividad.
Pero detrás de la escenografía y del encuentro compartido había una intención mucho más profunda: demostrar que aprender no consiste únicamente en memorizar contenidos, sino también en desarrollar la capacidad de preguntar, discutir y construir sentido junto a otros.
Una pedagogía que rompe estructuras
Para Ramos, la experiencia apunta a desafiar los modelos educativos más rígidos.
“Estamos queriendo colocar la idea de una pedagogía que tenga que ver con esta posibilidad de romper las estructuras”, sostiene.
Su planteo se inscribe dentro de las corrientes pedagógicas críticas que entienden la educación como un proceso vivo, dinámico y profundamente humano, donde el estudiante deja de ser un receptor pasivo para convertirse en protagonista del conocimiento.
Lejos de concebir el aula como un espacio donde únicamente se transmiten respuestas, el docente propone recuperar el valor de la duda.
“Es una pedagogía que va a buscar la pregunta; una pedagogía que se cuestiona; una pregunta que disputa los sentidos.”
En esa frase se resume buena parte del espíritu de la actividad: enseñar a pensar antes que enseñar qué pensar.
El verdadero sentido del banquete griego
En la Antigua Grecia, el banquete —conocido como symposion— no era simplemente una comida compartida.
Era un ámbito de encuentro intelectual.
Filósofos, políticos, artistas y ciudadanos debatían sobre la justicia, el amor, la política, la ética, la educación y el sentido de la vida. Allí nacían ideas que luego influirían en la organización de las ciudades y en el desarrollo del pensamiento occidental.
Recuperar esa tradición dentro de un aula implica rescatar el diálogo como herramienta de aprendizaje y devolverle centralidad a la palabra, la escucha y la reflexión colectiva.
No se trata de recrear el pasado por simple nostalgia, sino de traer al presente una forma de enseñar donde el conocimiento surge del intercambio y no únicamente de la exposición magistral.
Educar también es sentirse libre
Otro de los ejes de la propuesta es cuestionar una visión excesivamente técnica o burocrática de la educación.
“Queremos deconstruir el sentido positivista que hay de la educación”, afirma Ramos.
Y agrega una definición que sintetiza el espíritu de la experiencia:
“La educación es un espacio de formación, pero también es un lugar donde nos sentimos cómodos; un espacio de libertad, un espacio de secreto.”
La frase invita a pensar la escuela y el instituto no sólo como lugares donde se aprenden contenidos, sino también como ámbitos donde se construyen vínculos, identidad, pensamiento crítico y ciudadanía.
Mucho más que un examen
La actividad demuestra que una evaluación también puede transformarse en una experiencia significativa.
Cuando el aprendizaje deja de limitarse a repetir conceptos y comienza a vivirse, discutirse y experimentarse, el conocimiento adquiere otra dimensión.
En un contexto donde el debate sobre el futuro de la educación atraviesa a toda la sociedad, iniciativas como la impulsada por Diego Ramos recuperan una idea tan antigua como vigente: enseñar no consiste únicamente en transmitir información, sino en despertar preguntas.
Tal vez, como entendían los griegos hace más de dos mil años, las mejores lecciones no nacen de quien tiene todas las respuestas, sino de quienes se animan a compartir una mesa para pensar juntos.
Diego Ramos convirtió un examen en un banquete griego para enseñar que educar también es aprender a pensar pic.twitter.com/CjsecYdLsS
— Nuevo Diario Web (@nuevodiarioweb) July 7, 2026
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