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¿Qué revela la ciencia sobre los amigos imaginarios en la infancia?

Lejos de ser una señal de preocupación, crear personajes durante el juego forma parte del desarrollo infantil. Investigaciones recientes sugieren que esta experiencia podría estar vinculada con habilidades clave para comprender a los demás.

Para muchos niños, inventar un amigo imaginario forma parte del juego cotidiano. Le ponen un nombre, le atribuyen una personalidad, conversan con él y comparten aventuras que solo existen en su imaginación. Aunque algunos adultos pueden verlo con preocupación, especialistas sostienen que esta conducta suele ser completamente normal y podría estar asociada con un mejor desarrollo de habilidades sociales y emocionales.

Una investigación realizada por especialistas de España y Dinamarca llamada: "Imaginary companions, theory of mind and emotion understanding in young children" (Amigos imaginarios, teoría de la mente y comprensión emocional en niños pequeños) encontró que los niños que tenían o habían tenido amigos imaginarios mostraban una mayor capacidad para comprender las emociones, los pensamientos y las intenciones de otras personas.

¿Qué descubrió la investigación?

El estudio analizó a 48 niños de entre 4 y 6 años. La mitad de ellos convivía o había convivido con un amigo imaginario, mientras que el resto nunca había desarrollado este tipo de juego.

A través de distintas pruebas, los investigadores evaluaron la comprensión emocional y la llamada teoría de la mente, una habilidad fundamental para entender que cada persona posee pensamientos, conocimientos, deseos y emociones diferentes a los propios.

Los resultados mostraron que los niños con amigos imaginarios obtuvieron un mejor desempeño en ambas capacidades.

¿Por qué los amigos imaginarios pueden favorecer el desarrollo?

Los especialistas explican que, al crear un personaje imaginario, los niños también deben pensar cómo siente, qué sabe o cómo reaccionaría ese compañero ficticio frente a distintas situaciones.

Este ejercicio estimula la capacidad de ponerse en el lugar del otro, una habilidad esencial para desarrollar la empatía y mejorar las relaciones sociales.

Durante el juego simbólico, los pequeños diferencian constantemente sus propios pensamientos de los del personaje que inventaron, fortaleciendo procesos cognitivos vinculados con la comprensión emocional.

Tener un amigo imaginario no significa que un niño esté solo

Uno de los principales mitos sobre este fenómeno es creer que aparece únicamente cuando un niño se siente aislado o tiene dificultades para hacer amigos.

Sin embargo, los especialistas aclaran que no existe evidencia que respalde esa idea. Los amigos imaginarios forman parte del juego simbólico, una etapa habitual del desarrollo infantil en la que también pueden aparecer animales, criaturas fantásticas o incluso juguetes con características humanas.

Los investigadores remarcan que los resultados muestran una asociación, pero no demuestran que tener un amigo imaginario provoque directamente una mayor inteligencia emocional.

También es posible que los niños con mayor imaginación o mejores habilidades sociales sean, justamente, quienes tengan más facilidad para crear estos personajes.

De cualquier manera, el estudio aporta nuevas evidencias sobre el valor del juego durante la infancia y refuerza la idea de que la imaginación no solo favorece la creatividad, sino que también puede contribuir al desarrollo de competencias fundamentales para comprender a los demás y desenvolverse en la vida social.

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