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Si a las 2 de la mañana seguís pensando en una charla, la ciencia explica por qué ocurre

Especialistas cuentan que el cerebro suele volver sobre conversaciones inconclusas para intentar encontrarles un sentido.

Despertarse en plena madrugada y comenzar a repasar una conversación incómoda, una discusión o aquello que quedó sin decir es una experiencia más común de lo que parece. Aunque muchas personas lo asocian con ansiedad o exceso de pensamientos, especialistas sostienen que este mecanismo tiene una explicación científica.

Según diversas investigaciones, el cerebro utiliza la memoria no solo para recordar el pasado, sino también para anticipar situaciones futuras. Por eso, cuando una conversación queda emocionalmente "abierta", la mente vuelve sobre ella una y otra vez en busca de respuestas o aprendizajes.

Este fenómeno es conocido como efecto Zeigarnik, una teoría desarrollada en 1927 por la psicóloga Bluma Zeigarnik, quien descubrió que las tareas o situaciones inconclusas permanecen activas en la memoria hasta que encuentran una resolución.

El psiquiatra Diego López de Gomara, de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA), explicó que muchas veces las conversaciones terminan en la realidad, pero no dentro de la cabeza. Según el especialista, el cerebro intenta darle sentido a aquello que todavía genera angustia, dudas o sensación de injusticia.

Por su parte, la psiquiatra Alejandra Gómez sostuvo que esa repetición nocturna representa un intento del aparato psíquico por elaborar experiencias que no lograron procesarse completamente y que, mientras no encuentren un significado, tienden a reaparecer de manera automática.

 

Cinco recomendaciones para cortar los pensamientos repetitivos

Los especialistas coinciden en que existen hábitos que ayudan a disminuir la rumiación mental y favorecer un descanso de mayor calidad:

Escribir lo que preocupa, para organizar las emociones y darle un cierre a la situación.

Realizar actividad física, ya que ayuda a liberar tensión y reducir el estrés.

Practicar mindfulness o ejercicios de respiración, favoreciendo la atención en el presente.

Caminar, preferentemente en espacios verdes, para despejar la mente y disminuir la carga emocional.

Hablar con personas de confianza, ya que compartir las preocupaciones permite encontrar nuevas perspectivas y aliviar el malestar.

Los especialistas aclaran que, cuando estos pensamientos se vuelven frecuentes, generan angustia o afectan el descanso durante un tiempo prolongado, es recomendable consultar con un profesional de la salud mental para abordar el origen del problema y evitar que la rumiación se transforme en un círculo difícil de romper.

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