La marea humana no para de crecer en la previa del gran encuentro, y las tonadas de otras provincias ya se mezclan con el latido de la tierra. Juan Rojas, un histórico integrante de la agrupación “La ronda legüera”, pisó suelo santiagueño liderando una ruidosa comitiva de 140 bonaerenses dispuesta a dejar el alma en las calles.
Para este devoto del madero, que asiste de forma ininterrumpida desde hace 14 años, la experiencia se renueva con la misma intensidad del primer día. “El bombo legüero nos une como sociedad. Nos conmueve, por eso nos hace llegar de diferentes puntos de Buenos Aires", expresó conmovido a Nuevo Diario, reflejando el misticismo que envuelve a la marea festivalera.
En medio del reencuentro que florece en cada esquina, la delegación se prepara para fundirse en el rito colectivo. "En Santiago del Estero nos podemos abrazar con hermanos de todo el país, incluso del exterior. La ‘Marcha de los bombos’ es única. Santiago nos hace sentir que el norte es el folclore, es nuestra identidad”, concluyó con puro orgullo.