El interior de nuestra provincia se transformó en el escenario central de una cacería que mantiene en vilo al país. Las fuerzas de seguridad desembarcaron en Colonia Dora siguiendo el escurridizo rastro de Micaela Gladys Albornoz, una rosarina de 32 años que se hizo humo el pasado 24 de junio y por la cual los gobiernos nacional y santafesino acaban de poner 15 millones de pesos sobre la mesa para quien aporte datos certeros.
La realidad detrás de esta intensa búsqueda es digna de una película. Lejos de estar incomunicada, los sabuesos policiales descubrieron que la joven se mueve como un fantasma entre provincias utilizando el DNI extraviado de una vecina. Con esa identidad falsa compró pasajes y logró despistar a las autoridades en varias ocasiones, hasta que el radar de la Justicia terminó ubicándola deambulando por territorio santiagueño.
Sin embargo, mientras la versión oficial coquetea con la idea de un escape planificado, la familia vive una verdadera pesadilla. Micaela abandonó su casa en el barrio Villa Manuelita dejando atrás a su hija de apenas dos años. Como si fuera poco, su entorno más íntimo comenzó a recibir aterradoras llamadas extorsivas, donde voces anónimas exigen dinero a cambio de no lastimarla, encendiendo el pánico sobre su posible caída en una red criminal. A esto se le suma un antecedente por demás oscuro en Córdoba, donde un delincuente fue atrapado usando su tarjeta de débito, jurando ante la Justicia que se la había robado pero sin soltar una sola pista de su paradero.
A todo este escenario de terror se le suma el factor más dramático de todos: su salud. Micaela padece un severo cuadro de salud mental que requiere medicación psiquiátrica de forma diaria y estricta. Esta condición de extrema vulnerabilidad es lo que más desespera a los investigadores y a su familia, ya que cada hora que deambula sin su tratamiento potencia el riesgo sobre su vida y la deja a merced de cualquier peligro en las calles.
Ante la desesperación y la inminente posibilidad de que Micaela camine vulnerable por nuestras calles, las autoridades detallaron sus rasgos para alertar a la comunidad: se trata de una mujer alta, de 1,80 metros, de tez trigueña y ojos marrones. Lleva el cabello castaño con mechas rubias, rulos y un corte a la altura de los hombros. Al momento de desaparecer, vestía un pantalón de jean, zapatillas de lona negras y una campera negra con llamativos detalles en amarillo, fucsia y azul. Cualquier vecino que logre divisarla debe comunicarse de urgencia con el 911 o acercarse de inmediato a la dependencia policial más cercana.