José Emilio (40) y Franco Nicolás Maguna (19), abrazan la profesión del arbitraje y la pasión por el fútbol. Esta es una historia poco común en el ambiente, pero lo cierto es que José (padre) es uno de los mejores árbitros de la Liga Santiagueña de Fútbol, ya que integra el grupo de los cinco jueces nacionales santiagueños que tienen contrato laboral con AFA, a través del Consejo Federal.
En medio de este parate por la pandemia de Covid-19, los Maguna tuvieron un mano a mano con Nuevo Diario. Iniciamos la entrevista con José (papá).
—¿Cómo ve la situación del fútbol?
—La verdad que no hay nada en concreto, pero lo cierto es que esperamos se supere el tema del coronavirus. La idea es que en junio se inicie la pretemporada y para fines de julio o primera semana de agosto se inicie el fútbol local. Es la misma situación con los torneos profesionales. Hay que tener paciencia.
—¿Cómo llegas al arbitraje?
—Creo que por una pasión por el fútbol y por esas cosas de la vida. Todo comenzó por dirigir en las ligas amateur. Luego, en 2007 inicié el curso de árbitro en la Liga (LSF) y tres años más tarde debuto dirigiendo en Primera División de nuestro fútbol. Gracias a Dios puedo decir que tengo una carrera muy aceptable y eso es bueno.
—¿Qué significa dirigir en el fútbol profesional?
—En primer lugar, no deja de ser un orgullo, ya que integro el grupo de los cinco árbitros locales que tenemos contrato con la AFA, junto a mis compañeros Rodrigo Rivero, Jorge Sayago, Francisco Acosta y Fabián Cáceres, con quienes somos designados para dirigir a nivel nacional en los torneos organizados por el Consejo Federal.
—¿Qué falta para llegar a la máxima categoría, es decir arbitrar en la Superliga o ahora Liga Profesional?
—Creo que falta ser designados por las autoridades, nada más. Hay muchas cosas, pero en lo personal sería un sueño poder dirigir o jugar de línea en los partidos de los grandes como Boca, River, San Lorenzo, Independiente o Racing. Soy consciente que en lo personal es muy difícil ya que tengo cuarenta años y la posibilidad de llegar al arbitraje nacional fue hace dos años. Lo veo muy difícil, ojalá otros jóvenes puedan tener esa posibilidad.
—¿Cómo está visto el arbitraje santiagueño?
—Gracias a Dios, Santiago del Estero tiene un excelente nivel. Sin dudas que estamos a la par de cualquier árbitro de todo el país. Pasa que en los últimos años hemos tenido la misma posibilidad todo el arbitraje de participar de cursos de capacitación y clínicas a nivel nacional. Tenemos la suerte que muchos clubes piden nuestro trabajo y en partidos de semi y finales, tal es el caso de la final entre Mandiyú- Ben Hur (2016), otro partido importante fue de San Martín (Formosa)-Agropecuario de Carlos Casares, en la terna que integramos junto a Rodrigo Rivero y Guillermo Infante. Fue una linda experiencia.
—¿Tienes un referente?
—Narciso Carrillo, el “Kepi”, como lo llamamos nosotros, es un tipo que sabe un montón y es la persona que me transmitió mucha sabiduría de esa profesión.
—¿Es ingrata la profesión?
—Sin dudas que sí. Es que la gente, es decir la hinchada, no entiende que somos seres humanos y tenemos toda la posibilidad de cometer un error y eso nos hace mal, pero son gajes del oficio. Soy un tipo feliz dentro y fuera de la cancha.
Francisco, su hijo
Por su parte. Francisco Nicolás Maguna Najar (19) es una de las grandes promesas que tiene el arbitraje santiagueño, ya que muy a pesar de su juventud, ya dirige en la máxima categoría de la LSF.
—¿Por qué te inclinaste por el arbitraje?
—Pasa que a esta profesión la mamé desde muy chico. Mi viejo (José) me llevaba siempre a los partidos de la liga amateur y ahí descubrí esta pasión. En esto quiero aclarar que mi padre jamás me presionó para esto. Me gusta jugar al fútbol, pero dirigir tiene otro sabor, es algo especial, aunque siempre reconozco que muchas veces terminamos siendo los malos de la película.
—¿Qué es lo que te gusta de esta profesión?
—Me gusta el clima que se genera cuando la terna ingresa al estadio, la preparación de la planilla, cuando llaman a los jugadores para estampar la firma, además del precalentamiento físico y el ritual antes de salir a la cancha, el abrazo y la bendición cuando nos deseamos suerte, buen partido e ingresamos a la cancha. Es una vivencia única.
—¿Cuándo hiciste el curso de árbitro?
—En 2017 y lo finalicé a fines de 2018. La verdad que me resultó muy bueno, entretenido y dinámico. La parte teórica es muy buena, pero me gusta más la parte práctica, son dos cosas diferentes.
—Ya dirigiste tu primer partido, ¿cómo fue?
—Sí. La noche anterior no pude dormir tranquilo. En la cancha, por momentos, me temblaban las piernas, sentía los latidos del corazón a mil, pero cuando fueron pasando los minutos superé todo eso.
—¿Te tocó alguna jugada poco común, difícil de pitar?
—Gracias a Dios no.
—¿Es diferente dirigir un partido amateur y otro de la Liga Santiagueña?
—Sin dudas. Pasa que en las liga amateur y muy a pesar que participan muchísimos jugadores que fueron profesionales, hay muchos que desconocen las reglas de juego y ahí se complica el partido ante una falta que uno puede sancionar y hay jugadores que no entienden o no quieren entender esa sanción.
—¿Cuál es tu sueño?
—Ser árbitro nacional e internacional. Si Dios quiere, el año que viene voy a realizar el curso nacional. Sé que no es fácil llegar a dirigir en la máxima categoría del fútbol argentino, pero sé que no es imposible. Para eso se que hay trabajar duro, ya que además de toda las reglas y la parte física, está la preparación intelectual, ya que para dirigir fuera del país y en campeonatos del mundo hay que saber varios idiomas. Estoy preparándome para eso.