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El boom runner: ¿Deporte, conciencia de tribu… o vitrina para conquistar?

En plazas, costaneras y redes sociales se multiplican los grupos de running: la foto post-entreno, el reloj que “sube” a stories, la remera del evento y la sensación de pertenecer.

Xavier María Ferrera Peña

Por Xavier María Ferrera Peña

Correr puede ser una puerta real a una vida más activa, pero cuando se vuelve solo una moda para encajar, mostrarse o seducir, también puede empujar a decisiones peligrosas: entrenar sin progresión, sin controles, con presión por el físico y hasta con señales de vigorexia. La línea entre bienestar y daño a veces es más fina de lo que parece.

 

La moda: zapatillas, estética y "ser runner"

El running volvió a convertirse en un símbolo cultural: ropa técnica como identidad, marcas que marcan tendencia, rituales de café + trote y una narrativa aspiracional ("disciplina", "cambio de vida", "mi mejor versión").

En parte, es una nueva ola impulsada por jóvenes y por un ecosistema de influencers que mezclan rendimiento, estética y pertenencia.

El problema no es la moda. El problema es cuando la moda manda más que el cuerpo: "Si no entreno, fallo"; "si no publico, no cuenta"; "si no mejoro tiempos, no valgo".

Conciencia de clan: correr para no correr solo

La tribu runner tiene algo potente: te organiza la semana, te saca de la silla, te pone un objetivo, te da amigos. Y eso explica parte del boom: los eventos y "fun runs" crecieron porque son inclusivos y porque la participación se contagia cuando ves a conocidos compartiendo su experiencia.

Hoy incluso los reportes de cultura running remarcan el valor del componente social (grupos, herramientas inclusivas, embajadores de distintos cuerpos) como motor del fenómeno. Redtorch

Riesgo oculto: El grupo también puede empujar a más de lo que podés: "dale, una vuelta más", "hoy toca series", "no aflojes". Y si tu cuerpo viene de años de sedentarismo, esa presión puede pasar factura.

 

Exhibicionismo y "running para conquistar": cuando el objetivo no es correr

No hace falta decirlo en voz alta: correr "vende" una imagen. Salud, constancia, cuerpo activo, vida social. Para muchas personas, salir a correr también es una forma de mostrarse, sentirse deseables, conocer gente o intentar conquistar.

Eso tampoco es "malo". Lo peligroso es cuando la motivación se vuelve puramente externa (validación, likes, aprobación, levante), porque ahí aparecen atajos:

- Aumentar kilómetros de golpe "para estar a la altura".

- Entrenar lesionado "para no perder el streak".

- Competir cada fin de semana "para tener contenido".

- Obsesionarse con peso, definición y apariencia.

En ese punto, la búsqueda de corazones puede terminar rompiéndote el propio.

La trampa del "cuerpo ideal": vigorexia y obsesión

La vigorexia (dismorfia muscular) se asocia a una preocupación intensa por verse "poco musculoso" o "insuficiente", con conductas como ejercicio excesivo y hábitos compensatorios. En DSM-5 aparece como especificador ("con dismorfia muscular") dentro del trastorno dismórfico corporal. CNIB

Literatura clínica en español la describe como alteración de la imagen corporal con tendencia al ejercicio excesivo y conductas desadaptativas. FMC

Ojo: no es "ser disciplinado". Es cuando el entrenamiento se convierte en cárcel: ansiedad si no entrenás, culpa constante, aislamiento social, y el espejo siempre te devuelve "no alcanza".

 

Correr sin preparación: el combo perfecto para lesionarse (o algo peor)

Correr es accesible, sí. Pero no es inocuo si empezás a lo bruto.

Lo frecuente: sobrecargas, periostitis, fascitis plantar, tendinopatías, dolor de rodilla/cadera, fatiga crónica.

Lo serio: En personas con factores de riesgo o enfermedades no detectadas, el ejercicio intenso sin evaluación puede exponer problemas cardiovasculares. Guías y consensos médicos remarcan la importancia del screening y de identificar síntomas o antecedentes antes de subir intensidad.

 

Señales de alarma (no se negocian)

Si aparece alguno de estos puntos, se frena y se consulta:

- Dolor/opresión en el pecho.

- Falta de aire desproporcionada.

- Mareos, desmayo o palpitaciones intensas.

- Dolor que cambia tu pisada o dura días.

- Fatiga que no mejora con descanso.

 

Controles médicos: no es paranoia, es prevención inteligente

No se trata de asustar: para la mayoría, moverse trae más beneficios que riesgos. Pero hay un mínimo de sensatez.

Las recomendaciones de actividad física para adultos (como las difundidas por AHA, basadas en guías federales de EE. UU.) orientan sobre volúmenes saludables y progresión general. www.heart.org

Y los enfoques de preparticipación (ACSM) apuntan a detectar quién necesita autorización médica antes de entrenar fuerte, especialmente si hay enfermedades conocidas o síntomas.

 

"Checklist" antimoda peligrosa

Empezá por caminar-trotar, no por "salir a correr 5K de una".

Progresión semanal (cambio gradual, no épico).

El running no es el villano. Puede ser comunidad, salud mental, hábito y alegría. El riesgo aparece cuando el mando lo toma la imagen.

 

La pregunta que ordena todo es simple y brutal:

¿Estoy corriendo para vivir mejor, o para que me miren mejor?

Si la respuesta te incomoda, no es tarde: bajá un cambio, buscá guía, escuchá al cuerpo. Ningún corazón conquistado vale el precio de tu salud.

 

Correr para huir (cuando el asfalto tapa el ruido)

Hay días en que correr es salud. Y hay días en que correr es apagarse la cabeza: silenciar una angustia, una culpa, un duelo, un vacío. La psicología del deporte viene estudiando esto con nombre propio: escapismo. En corredores recreativos, la evidencia sugiere que "correr para escaparse" puede tomar dos caminos:

Escapismo como expansión (me despejo, me ordeno, vuelvo mejor).

Escapismo como supresión (me tapo, me anestesio, huyo de mí).

En ese segundo caso, el escapismo se asocia más fuerte con dependencia del ejercicio y peor bienestar subjetivo. No es verso: correr puede dar una sensación de calma o euforia ("runner's high"). La explicación más consistente hoy apunta más a endocannabinoides (sustancias que produce el cuerpo y actúan en circuitos cerebrales) que a endorfinas como causa directa del "subidón" mental.

Eso no convierte al running en "droga", pero sí explica por qué, si estás atravesando algo difícil, el cuerpo aprende rápido: "Si corro, no duele". Y ahí aparece el riesgo de que el entrenamiento pase de hábito a muleta emocional.

Por esta escena Tom Hanks pagó millones.
Por esta escena Tom Hanks pagó millones.

No transformarse en un Forrest Gump real que trasciende la ficción

En la película que se estrenó hace más de 30 años, dirigida por Robert Zemeckis y protagonizada por Tom Hanks, el personaje principal es un hombre con un coeficiente intelectual bajo, pero con un corazón inmenso. A través de una narrativa única, Forrest se encuentra en medio de eventos históricos importantes de Estados Unidos, desde la Guerra de Vietnam hasta la fundación de Apple. Y su reacción es correr, sin importar las distancias, para huir de la realidad que se le presenta. Si bien no hay un término médico o psicológico que hable del síndrome de Forrest Gump, deja dos enseñanzas:

Primero, que corre por huir del dolor emocional. Después de que Jenny se va, él queda devastado y, sin poder ponerlo en palabras, hace lo único que sabe hacer bien: seguir adelante. Correr funciona como una forma simple y física de no quedarse quieto con el duelo.

Y después, porque correr se vuelve un método para "ordenar" la vida. En Forrest todo es literal: no analiza demasiado, no teoriza. Corre porque al correr la mente se calla, el cuerpo manda y el mundo se vuelve una línea recta: un paso, otro paso.

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