Donald Trump volvió a elevar el tono en política exterior y lanzó una fuerte advertencia sobre Cuba, al asegurar que podría “tomar el control” de la isla “casi de inmediato” una vez finalizadas las operaciones en Irán.
El presidente estadounidense realizó estas declaraciones durante una cena privada en West Palm Beach, donde planteó la posibilidad de movilizar el portaaviones USS Abraham Lincoln hacia el Caribe como parte de una estrategia de presión directa.
Según su discurso, la embarcación podría ubicarse muy cerca de la costa cubana, en una demostración de fuerza que, según afirmó, derivaría en una rápida rendición. Sus dichos generaron repercusión inmediata por el nivel de confrontación planteado.
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El planteo se dio en paralelo a una nueva batería de sanciones impulsadas por su administración contra Cuba, que afectan áreas clave como energía, defensa, minería y servicios financieros.
En la misma línea, el secretario de Estado, Marco Rubio, acusó al gobierno cubano de permitir la presencia de servicios de inteligencia de países considerados adversarios, lo que, según sostuvo, representa una amenaza para Estados Unidos.
Además, el Senado rechazó recientemente una iniciativa que buscaba limitar posibles acciones militares del Ejecutivo sobre territorio cubano, lo que deja abierta la puerta a decisiones más contundentes.
Desde comienzos de año, la Casa Blanca viene intensificando la presión sobre la isla con medidas económicas y declaraciones que apuntan a un cambio de escenario político, en un contexto de creciente tensión internacional.
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