El conflicto entre Estados Unidos e Irán entró en una fase de agresividad extrema tras las últimas decisiones del presidente Donald Trump. El mandatario republicano elevó el tono de la confrontación al informar que dio una orden directa y letal a la Armada estadounidense: "disparar y destruir" a cualquier embarcación que sea detectada colocando minas en el estratégico estrecho de Ormuz.
"No debe haber vacilación alguna", sentenció Trump, quien además lanzó una cifra escalofriante sobre el poderío naval de Teherán: aseguró que ya hay 159 buques de guerra iraníes hundidos en el fondo del mar como consecuencia de los enfrentamientos.
Control "hermético" y bloqueo total
A través de su red social Truth Social, Trump ratificó que el paso marítimo más importante para el comercio petrolero mundial está bajo su absoluto dominio. "Tenemos el control total. Ningún barco puede entrar ni salir sin la aprobación de la Armada de los Estados Unidos", afirmó.
El presidente fue tajante al asegurar que el estrecho permanecerá "sellado herméticamente" hasta que el régimen iraní acepte firmar un acuerdo bajo las condiciones de Washington. En este contexto, ordenó triplicar la intensidad de los trabajos de las naves dragaminas para limpiar la zona y asegurar la hegemonía estadounidense en el área.
Purga inesperada en el Pentágono
En medio de este escenario de guerra, se produjo un cimbronazo político que sacudió a las Fuerzas Armadas. El Pentágono anunció de forma sorpresiva que el secretario de la Marina de Estados Unidos, John Phelan, deja su cargo "inmediatamente".
La salida de Phelan, que es el primer titular de una institución militar en ser desplazado durante este segundo mandato de Trump, se dio sin explicaciones oficiales ni motivos claros. El despido ocurre en el momento más crítico, con la flota estadounidense desplegada en Medio Oriente y ejecutando un bloqueo naval sin precedentes.
Un clima de incertidumbre global
La destitución del jefe de la Marina, sumada a la orden de "disparar a matar" en el mar, hecha por tierra cualquier expectativa de una tregua duradera. Mientras Trump asegura que su postura es la única forma de forzar a Irán a negociar, el mercado energético mundial observa con pánico cómo la vía de tránsito comercial más relevante del planeta queda convertida, por orden directa de la Casa Blanca, en una zona de guerra abierta.