La industria frigorífica tiene por delante un escenario complejo, donde serán clave el comportamiento de los consumidores y la habilidad de la cadena comercial puertas adentro para resolver problemas que mutan día a día. Mientras tanto, el gobierno sigue de cerca los movimientos en los precios de la carne en góndola.
En estos tiempos de incertidumbre global, la producción agropecuaria tiene muchos desafíos por delante. En una publicación reciente, la Organización de la Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) observa con preocupación los cierres fronterizos y los aislamientos preventivos en todo el mundo para contener la propagación del coronavirus. Si las cadenas productivas se ven afectadas, se podría poner en riesgo el acceso a los alimentos.
En el caso de la producción pecuaria argentina, los problemas están a la orden del día.
Los ganaderos observan con preocupación las definiciones acerca de una campaña de vacunación contra la fiebre aftosa e intentan seguir trabajando tranqueras adentro, porque el campo no puede parar, no lo hizo nunca y no lo hará ahora en momentos en los que se necesitan alimentos.
Avanzando en la cadena productiva y más allá de los problemas climáticos o de transitabilidad que reportan los “jauleros” (así se llama a los transportistas que llevan hacienda desde los campos a los mercados abastecedores), los problemas se agravan producto del desorden que generan las condiciones de trabajo en tiempos de coronavirus. Por este motivo, en algunas zonas de la Argentina ya hay asociaciones de productores que presentaron amparos en la justicia para poder circular sin restricciones desde sus lugares de residencia hasta las zonas productivas.
Esa hacienda llega a un mercado concentrador que ya modificó sus prácticas comerciales, porque no se pueden reunir los compradores. En este sentido, desde el Mercado de Hacienda de Liniers aseguran que están garantizadas la transparencia en la puja de precios y la operatoria normal con los cuidados sanitarios de rigor.
Luego aparecen matarifes, abastecedores, frigoríficos y muchos otros actores “secundarios” que toman subproductos de la hacienda en pie y con ellos, más problemas. Cebo para la industria, menudencias que se destinan a restaurantes o parrillas, cueros que van a las curtiembres y la lista sigue. Con la economía en pausa comienzan a aparecer agujeros: sin restaurantes las menudencias deben buscar otro destino y lo que ocurre con los cueros merece un párrafo aparte ya que los curtidores no figuran dentro del decreto de excepción que les permitiría operar, por lo tanto hay cueros que los frigoríficos acumulan y que se convierten en un problema ambiental y logístico. Tal es el grado de conflictividad en este punto que los frigoríficos tuvieron que hacerse cargo del costo para que las curtiembres, casi de favor, aceptaran que les envíen los cueros. Incluso algunos pidieron que se les pague el costo de la sal requerida para curar los cueros, algo que sólo puede entenderse en tiempos tan descabellados como el que nos toca vivir aunque no por eso se evitaron roces, críticas dentro de la cadena comercial y por supuesto, traslado de costos.
En medio de todo esto, algo que preocupa a todas las empresas es la cadena de pagos, más aún cuando hablamos de un sector que históricamente se manejó con un alto nivel de evasión. Sin poder salir de los hogares se dificultan pagos y cobros, una práctica de la que todos hablan pero pocos admiten.

CORONAVIRUS EN FRIGORIFICOS
Ahora la pregunta que muchos se hacen está vinculada a la aparición de casos de coronavirus en plantas frigoríficas. El caso confirmado de la enfermedad en un médico de la localidad santafecina de Franck que también trabaja en el frigorífico FRIAR de la localidad de Nelson, provocó que las autoridades de la planta decidieran cerrar las instalaciones. Si bien hay más casos dudosos en otros establecimientos de los que se esperan resultados para la confirmación o no de la enfermedad, queda claro que es altamente probable la aparición de más trabajadores de la industria frigorífica con esta realidad que golpea a todas las actividades productivas, detalla el portal de Minuto Uno.
En este contexto, lo que nos queda por delante son muchas preguntas y pocas respuestas, las que tendremos en función de conductas sociales y del comportamiento de la economía. ¿Qué harán los trabajadores? ¿Seguirán faenando todos los días los frigoríficos?¿Los problemas que tienen los frigoríficos se traducirán en mayores costos y llegarán a la góndola? ¿Se mantendrá firme la demanda en las carnicerías? ¿El consumidor, estará dispuesto a pagar más por la carne? ¿Primará el contexto social o la billetera? ¿Si el consumidor no convalida aumentos, caerá el valor de la hacienda en pie y el golpe lo sentirá el productor?
Para encontrar respuestas será fundamental observar las conductas sociales, de difícil control en medio de una pandemia, y no perder de vista las definiciones que pueda tomar el gobierno, que durante la última semana mantuvo conversaciones con frigoríficos y matarifes. En este sentido una decisión acertada sería que la lupa que apunta al comercio interior se oriente a resolver los inconvenientes que aparecen dia a dia y no sólo en establecer precios máximos ya que esas prácticas sólo pueden funcionar por corto tiempo. La próxima semana, en la que tendremos otro feriado y sólo dos días de remates en el Mercado de Hacienda de Liniers, serán clave para determinar qué precios vamos a ver en cada extremo de la cadena: por ahora carne hay, la pregunta es a qué precio estamos dispuestos a pagarla.