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El País #Coronavirus

Mendoza: Una mujer convirtió su casa en una escuela para que sus hijos no pierdan el ritmo

Desde el 16 de marzo, cuando el Gobierno de Mendoza suspendió las clases, la casa de Celeste y su marido Fabián Tonón se ha convertido en una escuela. Todos los días, recrean el hábito del colegio con sus cuatro pequeños hijos y se han distribuido roles

Parece que los héroes son solo los que salen a la calle a trabajar en tiempos de coronavirus​. Sin embargo, muchos argentinos han demostrado la grandeza de quedarse en casa, asumir nuevos roles, contener al grupo familiar y dormir poco para que el día rinda más. En ese podio destaca Celeste Martín (41), mamá de cinco hijos (cuatrillizos de 7 años y un adolescente de 16), empleada de una bodega, y quien acaba de superar un cáncer de mama y una larga quimioterapia.

 

Desde el 16 de marzo, cuando el Gobierno de Mendoza suspendió las clases, la casa de Celeste y su marido Fabián Tonón se ha convertido en una escuela. Todos los días, recrean el hábito del colegio con sus cuatro pequeños hijos y se han distribuido roles: Celeste es la maestra, Fabián el director y Facundo, el hermano mayor, el profe de educación física, indicó Clarín.

 

Sus cinco hijos concurren al colegio de mañana, pero en tiempo de aislamiento social, las clases se dictan por la tarde. La cochera se transformó en el aula, el patio en el campo de deportes y el comedor, en la sala de música. “Los primeros días cuando les propuse recrear la escuela Sarmiento -en la ciudad de Mendoza- para seguir estudiando, me pidieron formar fila, izar la bandera y cantar Aurora o el Himno”, cuenta la mamá. Así lo hacen cada tarde y después comienzan a repasar cuadernillos, leer, sacar cuentas y dibujar.

 

Para dividir tareas, Facundo los entretiene con actividad física: saltar, patear la pelota, la vertical… cada uno en un rincón del jardín. “Siento culpa de no poder ayudar más a mi hijo mayor. Por suerte, Facu es muy independiente y responsable con sus estudios”, dice Celeste. Y confiesa, entre risas: “Es mi mano derecha. La verdad es que sus hermanos le hacen más caso que a mí”.

 

En su charla, Celeste no repara en el cáncer. Fue duro haberse enfermado, dice, pero ni se compara con el sufrimiento de ver a un hijo luchar por su vida. “La lección me la dieron ellos a mí”, afirma y juntos celebran la vida.

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