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El País Nacionales

Cifras que alarman: en Argentina, un adolescente se suicida cada 24 horas

Por cada uno de ellos, hay entre 10 y 20 intentos previos. Todos manifiestan que no son escuchados. Cómo advertir situaciones de riesgo.

(Por Gonzalo Molina Prado, para TN).- En la Argentina hay un suicidio adolescente por día. El dato es estremecedor e impacta por donde se lo mire: por la decisión en sí, porque las víctimas tienen menos de 19 años, porque es una tendencia que crece y porque el sistema parece no contenerlos.

El relevamiento surge de un informe realizado por el Ministerio de Salud de la Nación, que revela otros números impactantes: por cada suicidio consumado existen entre 10 y 20 intentos previos.

La mirada no solo está puesta en aquellos que tomaron la determinación de quitarse la vida, sino en quienes padecen situaciones que pueden llevar a tendencias suicidas.

El Ministerio Público Tutelar de la Ciudad de Buenos Aires registró 569 internaciones de niñas, niños y adolescentes por riesgo suicida.

“Son números que impactan, pero que no cuentan la realidad completa. Detrás hay mucha estigmatización y muchas muertes no están identificadas como suicidios”, advierte Alberto Fernández Mateos, miembro de la ONG Hablemos de Suicidio.

Desde el medio TN hablaron con psicólogos, sociólogos, miembros de ONG’s que trabajan la temática y familiares de víctimas que sintieron el dolor en primera persona.

 

Las causas detrás del incremento de las cifras

Está claro que se trata de una tendencia creciente en todo el mundo, y la Argentina no está exenta. Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el suicidio se consolidó como la tercera causa de muerte en jóvenes y adolescentes.

En el país, entre abril de 2023 y el mismo mes de 2025, se notificaron al menos 15.807 intentos de suicidios, lo que da un promedio de 22 episodios por día. El 30% de esos llamados son de adolescentes que tienen entre 15 y 29 años.

La psicóloga Micaela Zappino reconoció que “se nota una tendencia creciente en los cuadros de angustia, ansiedad y desesperanza en adolescentes”.

Los especialistas explican que se trata de un fenómeno multicausal al que el contexto social no favorece. “El sufrimiento psíquico, la falta de redes de contención, el exceso de redes sociales, el bullying, la violencia, las crisis familiares y la sensación de vacío e incomprensión son algunas causas”, señaló.

La lista de motivos es mucho más extensa y, al hilar fino, se encuentran causas mucho más concretas como el aislamiento, la falta de proyectos vitales, los conflictos familiares o escolares y las experiencias de rechazo. Todo eso en un contexto donde hay una fuerte dificultad para pedir ayuda.

La psicoanalista remarcó que los adolescentes “están muy expuestos” y que cuentan con “pocas herramientas para tramitar lo que sienten”. En ese sentido, cargó responsabilidad sobre los adultos: “No hay quien los escuche sin juzgar”.

“Se observa un incremento en la autoexigencia, el perfeccionismo y la comparación constante con los demás, algo que las redes sociales intensifican”, agregó Zappino.

En términos contextuales, la situación socioeconómica del país no ayuda: “La falta de perspectivas, la precarización económica, la soledad y la incertidumbre sobre el futuro impactan muchísimo. Vivimos en una época donde se exige ´estar bien´ todo el tiempo, y eso deja poco espacio para el malestar, que también forma parte de la vida", explicó la psicóloga.

El sociólogo Carlos de Angelis planteó una perspectiva completamente diferente y adjudicó este fenómeno a que “se modificó por completo la forma tradicional que teníamos de organizar la vida humana en etapas”.

“Los adolescentes acceden a la misma información y no tienen capacidad de procesarla. En algunos casos no pueden manejarlo, es abrumador. Y no hay mecanismos institucionales para dar esa organización”, señaló.

El también profesor de Sociología de la Opinión Pública de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA hizo hincapié en el acceso a la información como uno de los grandes problemas: “Hoy pueden buscar cómo suicidarse. Los controles parentales no funcionan o los padres no los activan”.

Por eso, De Angelis propone “desacralizar esa información” y hablar sobre el tema: “La cuestión pasa por darles herramientas a los más chicos, porque el celular lo van a tener en la mano igual”.

En ese contexto, el sociólogo desentrañó el concepto de soledad digital: “Estás en tu habitación, no dormís, estás conectado todo el tiempo bajo toda la presión de las redes, pero estás solo. Es gente sin conexión con otro cuerpo, que pueden ser las familias, la madre o los amigos".

“La persona deja de hablar, de vincularse con otras personas, empieza a faltar al colegio, a presionar. Hay síntomas que se pueden observar en la escuela. Lo importante es que la escuela y las familias estén atentas a esto”, agregó.

Lo cierto es que los números son contundentes: la Sociedad Argentina de Pediatría señaló que el suicidio representa alrededor del 33% de las muertes por causas externas en adolescentes de 15 a 19 años.

 

Cómo advertir situaciones de riesgo

El Ministerio de Salud de la Nación reveló que por cada suicidio consumado hay entre 20 y 30 intentos previos. Por eso, se vuelve fundamental advertir estos intentos.

La psicóloga Micaela Zappino enumeró algunos de los signos o síntomas que pueden presentar los adolescentes:

  • Aislamiento.
  • Cambios de ánimo bruscos o cambios de conducta.
  • Insomnio.
  • Pérdida de interés por lo que antes gustaba.
  • Frases desesperanzadas.
  • Irritabilidad constante.
  • Descuido personal.
  • Comentarios sobre la muerte y las ganas de desaparecer.
“Lo importante es no minimizar esos dichos ni interpretarlos como llamados de atención, sino como pedidos de ayuda. Lo primero es evaluar el nivel de riesgo, establecer un plan de acompañamiento y reforzar los lazos de cuidado”, explicó Zappino.

A partir de esa advertencia, según la especialista, se debe trabajar en conjunto entre el psicólogo, el psiquiatra, la familia y el colegio. “Lo central es construir con el adolescente un espacio donde pueda hablar de su dolor sin miedo ni culpa y que se sienta acompañado en todos los espacios”, agregó.

 

El rol de las familias

El trabajo que hacen los familiares con las víctimas es tan fundamental como delicado. Los especialistas remarcan que no deben retar o exigir a los adolescentes, sino acompañarlos en el proceso y consultar ante cualquier señal de alarma.

“Las familias pueden acompañar regulando los tiempos frente a las pantallas, conversando sobre lo que ven e interesándose por lo que sienten. No se trata de prohibir, sino de enseñar a diferenciar lo real de lo virtual y ofrecer espacios de diálogo donde el adolescente se sienta comprendido”, señaló Zappino.

El psicólogo Miguel Espeche le planteó a TN la importancia de las terapias familiares para trabajar en este tipo de casos. “Es importante que no lo vean como un bicho raro y que trabajen en promover el deseo de vivir más que en evitar el deseo de morir”, explicó.

Otro de los interrogantes que angustia a las familias es saber cuándo el adolescente comienza a presentar signos de recuperación y en qué momento pueden quedarse tranquilos.

Micaela Zappino explicó que “un adolescente puede mejorar mucho, pero eso no significa que el tema quede cerrado de un día para otro” y que “la familia puede quedarse más tranquila cuando el joven logre construir otros modos de expresar su sufrimiento y de pedir ayuda”.

“Se pueden empezar a quedar tranquilos cuando en el adolescente vuelve a aparecer la esperanza, la motivación y la constancia en su rutina”, remarcó Zappino.

Fuente: https://tn.com.ar/sociedad/2025/11/22/en-la-argentina-un-adolescente-se-suicida-cada-24-horas-las-causas-y-como-advertir-situaciones-de-riesgo/
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