La aparición masiva del barigüí, también conocido como mosca negra o jején, está generando preocupación en distintas localidades del Área Metropolitana de Buenos Aires y del interior bonaerense. A diferencia de los mosquitos comunes, este insecto no pica: muerde, dejando heridas abiertas que provocan dolor intenso y marcas persistentes en la piel.
El fenómeno se ha intensificado durante el verano, asociado a altas temperaturas y lluvias abundantes, con advertencias concentradas en ciudades como Junín y Bragado, aunque también se registran casos en zonas urbanas de la Ciudad y Provincia de Buenos Aires, especialmente cerca de ríos y arroyos.
El barigüí pertenece a la familia de los simúlidos, emparentados con mosquitos y tábanos. Las hembras utilizan sus garras para cortar la piel y alimentarse de la sangre que brota, un comportamiento conocido como telmofagia. Esto provoca lesiones superficiales que incrementan el dolor y el riesgo de infecciones, a diferencia de los mosquitos que succionan sangre de los capilares.
Las hembras necesitan sangre para completar su ciclo reproductivo y se desarrollan exclusivamente en aguas corrientes con buena oxigenación y materia orgánica en suspensión, dificultando su control mediante fumigaciones tradicionales. Las recientes condiciones climáticas —calor, lluvias intensas y ríos crecidos— han favorecido su multiplicación en zonas ribereñas.
La mordedura del barigüí puede causar picazón intensa, manchas rojas, heridas costrosas, infecciones y, en algunos casos, reacciones alérgicas con inflamación o fiebre. Rascarse la zona aumenta el riesgo de complicaciones al introducir patógenos en la herida.
Las autoridades recomiendan medidas de prevención individual: uso de ropa clara y de mangas largas, aplicación de repelentes con DEET al 25% o más, y evitar actividades al aire libre cerca de ríos y arroyos durante el amanecer y el atardecer, cuando el insecto es más activo.