El mercado laboral argentino atraviesa una transformación marcada por el avance de las plataformas digitales. En un contexto de caída del empleo formal, ya son más de un millón las personas que trabajan como choferes o repartidores a través de aplicaciones como Uber, Rappi, PedidosYa, Didi y Cabify.
Según datos del sector, este universo está compuesto por unos 900 mil conductores y cerca de 200 mil repartidores en todo el país, consolidando a estas plataformas como una de las principales salidas laborales frente al deterioro económico.
El fenómeno se da en paralelo a una tasa de desempleo del 7,5% registrada a fines de 2025, lo que impulsa a miles de personas a buscar alternativas de ingresos en la economía digital. Desde el Sindicato de Base de Trabajadores por Aplicación (SiTraRepA) señalaron que el crecimiento es “exponencial” y responde directamente a la falta de oportunidades en el mercado formal.
La actividad, sin embargo, exige largas jornadas para alcanzar un ingreso competitivo. En promedio, los trabajadores cumplen entre 10 y 12 horas diarias, seis días a la semana, con ingresos que rondan los $1,3 millones mensuales. En el caso de los repartidores, se estima que deben completar más de 450 pedidos al mes para cubrir los costos básicos.
El perfil de quienes se desempeñan en estas plataformas también evidencia cambios: la edad promedio es de 36 años, más del 30% son mujeres y una gran proporción cuenta con estudios superiores. Además, el 60% combina esta actividad con otro empleo, reflejando una fuerte tendencia al pluriempleo.
Pese a la flexibilidad horaria que ofrecen estas aplicaciones, el modelo también plantea desafíos. La falta de cobertura social, la ausencia de derechos laborales tradicionales y los costos operativos —como el mantenimiento de vehículos— recaen sobre los propios trabajadores.
Así, mientras las apps se consolidan como un sostén económico para miles de familias, también dejan al descubierto las tensiones de un sistema que crece al ritmo de la crisis.