Por primera vez en la historia, el consumo de pollo en Argentina superó al de la carne vacuna y se convirtió en la proteína animal más elegida por los argentinos. Con un promedio cercano a los 50 kilos por habitante al año, la carne aviar consolidó un cambio de hábitos que la industria viene registrando desde hace más de dos décadas.
Desde el Centro de Empresas Procesadoras Avícolas (CEPA), su director ejecutivo, Carlos Sinesi, explicó que este fenómeno no responde únicamente a una cuestión de precios, sino a una transformación profunda del sector, impulsada por mejoras productivas, una mayor oferta de productos y cambios en las preferencias de los consumidores.
Los factores que impulsaron el crecimiento
De acuerdo con el referente del sector, la producción avícola nacional pasó de unas 700.000 toneladas a comienzos de los años 2000 a superar actualmente las 2,5 millones de toneladas, lo que permitió abastecer el mercado interno y fortalecer las exportaciones.
A ese crecimiento se sumó una diversificación de la oferta. Mientras años atrás predominaban los pollos enteros, hoy los consumidores optan cada vez más por cortes específicos, como pechugas, milanesas, patamuslos, alas y productos listos para cocinar.
La practicidad también aparece como uno de los principales motivos del cambio. La posibilidad de preparar una comida en pocos minutos se convirtió en un aspecto cada vez más valorado por las familias, favoreciendo el consumo de carne aviar.
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En ese sentido, resaltaron el trabajo realizado junto al SENASA para restablecer las exportaciones hacia destinos estratégicos como China y la Unión Europea.
Asimismo, remarcaron que Argentina cuenta con un sistema de zonificación sanitaria reconocido por más de 70 países, mecanismo que permite restringir únicamente las áreas afectadas ante un eventual brote sin paralizar las exportaciones del resto del territorio.
El mito de las hormonas
Otro de los temas abordados por el sector fue la falsa creencia sobre el uso de hormonas para acelerar el crecimiento de los pollos.
Según explicaron, el desarrollo de las aves responde al mejoramiento genético, la alimentación balanceada y la incorporación de nuevas tecnologías para optimizar la producción y el bienestar animal, descartando el uso de tratamientos hormonales.
Para la industria avícola, el desafío de los próximos años será continuar ganando competitividad en los mercados internacionales sin perder eficiencia productiva, luego de alcanzar un hito histórico en el consumo interno.