Los precios de los productos y servicios que integran la canasta básica continuaron en alza durante noviembre, obligando a los hogares argentinos a disponer de ingresos significativamente más altos para cubrir sus necesidades fundamentales. Según los últimos datos oficiales, el aumento interanual de este indicador superó ampliamente a la inflación promedio general del país.
De acuerdo con las cifras oficiales, una familia tipo —generalmente conformada por dos adultos y dos hijos— requirió un ingreso mensual por encima de los $1.250.000 para no ubicarse por debajo de la línea de pobreza, es decir, para poder satisfacer tanto sus necesidades alimentarias como los gastos no alimentarios básicos. Esta línea se calcula a partir del valor de la Canasta Básica Total (CBT), que incluye alimentos, transporte, educación, salud, vivienda y otros servicios esenciales.
La suba de la canasta básica se sintió en casi todos los rubros que la componen, impulsada por ajustes en los precios de alimentos, servicios, tarifas públicas y otros bienes de consumo frecuente. El incremento del costo de vida encendió alarmas entre economistas y organizaciones sociales, que advierten sobre el impacto de estas variaciones en la capacidad de compra de los sectores de menores ingresos.
El incremento de la canasta básica refleja no solo la dinámica de los precios en el mercado, sino también la creciente dificultad de muchas familias para llegar a fin de mes con los ingresos disponibles, situación que plantea desafíos adicionales para las políticas públicas orientadas a mitigar la pobreza y proteger el poder adquisitivo de los hogares.
A partir de las actualizaciones mensuales de los valores de referencia utilizados para medir la pobreza en el país, se observa una tendencia al alza en los costos necesarios para mantener un nivel de vida digno.